Discurso del presidente de Paraguay, Andrés Rodríguez

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE PARAGUAY Andrés Rodríguez, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

En el umbral del siglo XXI América Latina enfrenta tres retos fundamentales que son: reactivar su desarrollo económico, superar las deficiencias de su capacidad científica y tecnológica, y mejorar la condición de vida de sus habitantes. Tan impostergables tareas no podremos realizarlas sin la adecuada integración de nuestros países y sin una valiosa cooperación internacional, razón por la cual nos vemos también en la necesidad de enfrentar esos desafíos con realismo y decisión.

Los esfuerzos que debemos efectuar para avanzar hacia esos objetivos tienen un marco mundial muy complejo que ya ha sido suficientemente caracterizado por afanados técnicos en sus aspectos comerciales, financieros, culturales y tecnológicos, los cuales se agravan, además por el drama del subdesarrollo.

Nosotros confiamos en la recuperación de nuestros países en la presente década porque tenemos vocación de interlocutores activos, participando no solamente en las mesas de negociación, sino también en una distribución más equilibrada del comercio mundial.

Para eso tiene que producirse una profunda reforma en nuestros países. Debemos ser protagonistas de cambios radicales.
Tengo la convicción de que este diálogo iberoamericano que hoy iniciamos puede contribuir eficazmente para sentar las bases de una integración regional y de una activa cooperación internacional en el futuro.

Un frente común entre naciones latinoamericanas y europeas, unidas por la historia y la cultura, puede inaugurar un nuevo modelo de cooperación y complementación, a escala mundial, para el desarrollo.

Felizmente asistimos hoy al florecimiento de la democracia en el Continente. Con ella nuestros pueblos afirman nuestra soberanía, su libertad y su respeto a los derechos humanos. Pero sobre todo se crea un marco de legitimidad que permite a los gobiernos dedicarse con mayor respaldo y confianza a las tareas de integración, mejorando el relacionamiento internacional.

En la exigencia de los cambios, la consolidación de la democracia en el área es el primer inexcusable deber. Ella constituye el cimiento político sobre el que han de desplazarse la reconversión, la superación de nuestro desfase científico y tecnológico, y el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestra población.

Quisiera mencionar tres aspectos de la democracia moderna como pautas metodológicas para implementar la integración regional y la cooperación iberoamericana.

La primera es el principio de la participación que permite incorporar a todos los Estados en la estrategia integracionista, propendiendo a superar las diferencias que los separan, mediante los recursos de un honesto entendimiento y de una leal negociación.

Esto implica la extensión de las posibilidades de desarrollo en la medida en que los países más favorecidos de la región y del mundo ibérico cooperen con los menos desarrollados, a fin de ampliar su capacidad de producción, sus exportaciones , su industrialización, su inversión y la transferencia de su tecnología.

En síntesis, se trata de concebir el espacio regional como una unidad comunitaria de Naciones, donde todas y cada una de ellas puedan participar de un concertado esfuerzo para el logro de su crecimiento económico, su modernización y su bienestar.

La segunda pauta se refiere a la norma de la consensualidad según la cual, aún cuando en el proceso de integración es legítimo respetar los derechos de la mayoría y los de la minoría, parece lógico, en las cuestiones que nos competen en común , que tenga preferencia más bien, un acuerdo consensuado de la Partes. Esta regla puede ser útil para racionalizar, conciliar y articular coherentemente los intereses particulares con los intereses generales.

Nuestro problema es acentuar el progreso en América Latina mediante la defensa y promoción de los intereses comunes, y concertar un mecanismo más fluido y eficiente en el intercambio.

La tercera pauta tiene que ver con la doctrina de la legitimidad, en el sentido de que la demanda de los Gobiernos deben reflejar siempre, cabalmente y con representatividad, la voluntad de nuestros pueblos. Sobre todo, diría que la integración y la cooperación deben corresponder a las necesidades reales y perentorias de nuestras respectivas Naciones que son las beneficiarias directas y permanentes de los planes y programas, compromisos y convenios, asumidos por nuestros Gobiernos.

Aplicando las pautas a que acabo de referirme, la integración regional y la cooperación iberoamericana pueden constituir un instrumento eficaz para ayudar a alcanzar los objetivos de la reactivación de nuestras economías, la superación de nuestro atraso tecnológico y científico asegurando el mejoramiento de la calidad de vida de nuestros conciudadanos.

En América Latina, para incentivar nuestro desarrollo económico, necesitamos mayores recursos financieros, inversiones en los sectores productivos, modernización de nuestros aparatos de producción e industrialización, ampliación de mercados para nuestros productos y, obviamente, la incorporación de tecnología más avanzada.

Estamos también obligados a trabajar por un orden internacional más justo, más favorable para los países en desarrollo. Nuestro crecimiento exige una mayor participación en el mercado mundial, tanto como la superación de ciertos proteccionismos, que den espacio a una mayor equidad y equilibrio en los precios internacionales. Estas cuestiones son las que nos recuerdan la conveniencia de la unidad y la importancia de una renovada solidaridad internacional.

Señores Presidentes:

El Gobierno del Paraguay no sólo ve con beneplácito, sino como una imperativa necesidad, la iniciativa de estudiar y establecer una política rearticulada de cooperación iberoamericana ya que, con la definición y ejecución de esa política, estaríamos en condiciones de fortalecer el vínculo de intercambio y colaboración entre América Latina y Europa. En tiempos de diálogo y de recomposición del mapa mundial, los lazos de identidad deben servir como conductores para el más fecundo reencuentro entre nuestras Naciones.
En la línea de ese pensamiento, el Paraguay se adhiere al proyecto de institucionalizar la Cumbre Iberoamericana para que, cada vez más, estos encuentros a tan alto nivel se conviertan en un foro de resoluciones.

Por ello congratulamos vivamente al Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y a su ilustre Presidente Don Carlos Salinas de Gortari por esta feliz iniciativa de compartir ideales, afanes y decisiones firmes como medios de impulsar los esfuerzos que den unión, solidaridad y libertad a nuestros pueblos en las vísperas de un encuentro entre dos mundos que hace quinientos años protagonizó España, aquí en este Continente de la Esperanza.