Discurso del presidente de Colombia, César Gaviria Trujillo

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA César Gaviria Trujillo, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I:
Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno:
Por primera vez se reúnen los mandatarios de la comunidad iberoamericana de naciones. Esta es una cita histórica. No sólo estamos comenzando como debe ser la celebración de los 500 años de la hazaña de Cristóbal Colón. Hoy, en este recinto, estamos creando un nuevo espacio de diálogo entre los pueblos que comparten unas mismas raíces y, más importante aún, un destino común.

Antes del descubrimiento de América, el mundo era sólo la mitad. Gracias a la audacia de Colón y la convicción de los Reyes Católicos, el planeta adquirió todas sus proporciones y reveló todo su potencial. Fue el encuentro de dos mundos para construir uno solo mucho mejor. Encuentro que ciertamente no estuvo exento de violencia y de conflicto, pero que al mismo tiempo le abrió insospechados horizontes de conocimiento, de bienestar y de progreso a la humanidad. Eso es lo que todos los iberoamericanos debemos celebrar.

Coincide esta reunión con una época que no vacilaría en calificar como la era de la perplejidad. Todo lo que era impensable hace unos pocos años se ha vuelto realidad. Cada día nos sorprendemos con un nuevo desarrollo que confirma el incontenible avance hacia un nuevo orden mundial. Quienes sólo conocían el lenguaje de los cañones y los megatones, hoy hablan el idioma de la cooperación y la solidaridad. Quienes vivían en el silencio gris de las dictaduras eternas, hoy bailan irreverentes sobre las murallas derruidas a golpe de democracia. Quienes han abusado de la fuerza, se encuentran hoy sometidos a la razón y el derecho internacional. En fin, parecería que precisamente cuando nos alistamos a celebrar los 500 años del descubrimiento del nuevo mundo, la humanidad se hubiera empeñado, por fin, en construir un mundo nuevo.

Aun cuando hay ciertamente razones para el optimismo sobre el futuro de la humanidad, no podemos dejarnos llevar por la euforia y pensar que las dificultades ya están todas superadas. Viejos problemas están quedando atrás, pero ciertamente muchos otros que fueron desatendidos en el pasado surgen hoy como nuevas amenazas al bienestar, la paz y la seguridad.

La pobreza y el hambre a la que están sometidos miles de millones de seres humanos; el deterioro del medio ambiente global; el consumo y tráfico de drogas ilícitas; epidemias devastadoras como el cólera; el estancamiento crónico de las economías en el Tercer Mundo; la violencia terrorista; son algunos de los problemas que continúan latente y sin solución. No podemos dejar que la complacencia con lo ya alcanzado oculte las dimensiones de lo que falta por hacer. Si queremos alcanzar la verdadera paz, la paz que nace de la igualdad política, la justicia social y la prosperidad, todavía hay mucho trecho por recorrer, muchos sacrificios por hacer, muchas decisiones que tomar. Si queremos garantizar el nuevo orden no debemos olvidar el pasado. No pueden haber privilegios guardianes de la legalidad internacional, de la paz mundial o de los principios fundamentales. Estos no son tiempos para la arrogancia. Al terminar la llamada “Guerra Fría” nadie distinto que los valerosos pueblos de Europa Oriental puede atribuirse la victoria. Ante las nuevas realidades internacionales surge la pregunta inevitable sobre qué papel va a desempeñar América Latina, Iberoamérica toda, en ese nuevo orden de las cosas. Más aun, nos asalta la cuestión sobre cómo podemos contribuir a que el sistema internacional del mañana sea capaz de responder a las aspiraciones de nuestros pueblos. Y para esos interrogantes nos encontramos con una sola respuesta: la integración. Si América Latina quiere ser partícipe y protagonista en la construcción de las nuevas realidades mundiales, es indispensable abordar la integración como una misión impostergable.

Muchos son los factores que contribuyen a que ahora la integración iberoamericana, como diría Gabriel García Márquez, tenga una segunda oportunidad sobre la tierra. América Latina ha vivido una silenciosa pero profunda revolución democrática. También las barreras proteccionistas que nos aislaron del mundo y de nosotros mismos se están derrumbando. Es en este terreno abonado en que la integración puede florecer. No existe momento más propicio que la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, que se inicia con la Cumbre de Mandatarios Iberoamericanos, para que todos los miembros de la comunidad iberoamericana forjemos un firme compromiso político de hacer realidad esa histórica aspiración.

La democracia descubrió un nuevo enemigo en la década de los ochenta. Me refiero al narcotráfico. El tráfico de droga alimentado por el insaciable apetito por el vicio en los países industrializados y por la voracidad sin límite de ganancias ilícitas de las organizaciones criminales, creció sin control. Hoy en día conforma una cadena delictiva que se extiende a lo largo y ancho del planeta, pasando por las esquinas de las calles en las grandes urbes donde se distribuye la droga; por los bancos que facilitan el lavado de dinero, y las industrias que trafican con químicos y armas; hasta llegar a los cultivos de coca, los laboratorios y las pistas clandestinas. Estamos realmente ante una multinacional del crimen.

De allí que tengamos que fortalecer la coordinación entre las autoridades de todos los países afectados o potencialmente víctimas del crimen organizado, para que las victorias de unos no signifiquen, en el mediano y largo plazo, el desplazamiento del problema hacia otros. La única forma de derrotar a esa cadena criminal, que no tiene patria, y que posee la capacidad y los recursos para moverse por todo el planeta en busca de un terreno abonado para sus ilegales negocios, es enfrentarla con una cadena de solidaridad y cooperación aún más fuerte.

De Colombia traemos buenas noticias para todos los países comprometidos en la lucha contra la droga. Aplicando la firmeza y promoviendo el fortalecimiento del sistema judicial, hemos logrado desmantelar varias de las principales organizaciones criminales y someter a la justicia a sus principales cabecillas. Ahora, para seguir adelante necesitamos la cooperación de todas las naciones en el suministro de evidencia e información relevante en los procesos. La naturaleza multinacional e internacional de los delitos cometidos por los narcotraficantes exige de la colaboración entre los países para hacer plena justicia. Así como en el pasado muchos países colaboraron con Colombia suministrando ayuda militar para la guerra, ahora esperamos que esas mismas naciones expresen igual solidaridad para hacer justicia.

Su Majestad, Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno:
Por primera vez los herederos de la hazaña de Colón nos reunimos con el propósito de exaltar lo que nos une y forjar las bases para un futuro común. Mucho se dirá de esta Cumbre.

Muchos son los resultados que ya se están alcanzando en las reuniones bilaterales y multilaterales. Pero estoy seguro que este encuentro será recordado como el comienzo de una nueva era en las relaciones iberoamericanas. El 18 y 19 de julio será también una fecha memorable. Estos días serán recordados como los días de un nuevo descubrimiento: el descubrimiento de que Iberoamérica unida tiene la grandeza para forjar su propio destino de bienestar, paz y prosperidad.
Muchas Gracias.