Discurso del presidente de Ecuador, Rodrigo Borja

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE ECUADOR Rodrigo Borja Cevallos, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

Durante los dos últimos años el mundo se transformó con pasmosa celeridad. Los prodigios de la ciencia y la tecnología han sido capaces de producir, en una década, cambios que antes, en el pasado, solamente eran concebibles durante varias centurias; se han derrumbado ideas, sistemas y cosas que parecían eternos; advino un nuevo orden político internacional, terminó la guerra fría y se ha producido el inicio de una interesante convergencia entre los sistemas contendientes en lo político, económico y social a partir de la segunda postguerra.

Esta convergencia se hace a base de la interpenetración de elementos viables de los dos sistemas en conflicto, y se busca una síntesis dialéctica entre ellos, enriquecida como la de experiencias vividas por ambos sistemas durante los últimos cincuenta años. Esto no significa, ni mucho menos, el fin de la historia como ha señalado Francis Fukuyama; sólo se cierra un capítulo para abrir otro, pero la historia continúa.

Ni el sistema capitalista de mercado, ni el sistema socialista de economía dirigida y de propiedad estatal han demostrado ser perfectos. Vamos hacia un régimen de economía mixta, con un sector privado dinámico y un sector público amplio y eficaz. El gran desafío de todas nuestras economías es, por tanto, determinar la mezcla más eficaz entre los elementos de los dos sectores.
Pero al desvanecerse la guerra fría y bajar la tensión entre las grandes potencias y sus núcleos de influencia, ha quedado en mayor relieve la contradicción norte-sur y la ausencia de equidad en las relaciones entre los países avanzados y los países en vías de desarrollo.

Aspiramos a que con la consolidación de la paz en el mundo – y esperamos que el caso Hussein sea un episodio aislado de beligerancia, megalomanía y belicismo – queden liberados recursos financieros que puedan ser canalizados para el desarrollo de los países menos favorecidos y para la implantación de la justicia.

El desarrollo del sur se presenta como una condición indispensable para la estabilidad y la paz en un mundo crecientemente interdependiente.

Juntos tenemos que enfrentar enormes problemas los países iberoamericanos, España y Portugal, y esta es, sin duda, la idea motivadora del Presidente Carlos Salinas de Gortari para convocar esta importante reunión.

Hay muchos problemas que rebasan en sus efectos y en sus soluciones las fronteras nacionales; resulta inevitable la concertación internacional para hacerles frente. El mantenimiento de la paz como bien indirigible que debemos sentirlo vulnerado dondequiera que se atente contra ella; el desarme de los arsenales nucleares y convencionales; el narcotráfico en todas sus manifestaciones; la deuda externa como el obstáculo número uno que impide el desarrollo de todos nuestros países; el crecimiento incontrolado de la población que impacta duramente sobre los recursos naturales, que destruye bosques, empobrece tierras y, en suma, dificulta el desarrollo; la protección del medio ambiente, que debe tener como propósito dejar a las nuevas generaciones un aire puro, un agua cristalina y tierra fértil; el desarrollo científico y tecnológico que nos es imprescindible – como lo acaba de decir Jaime Paz Zamora- para afrontar los retos de la última década del siglo XX y de los años del siglo XXI; en fin, la consolidación de la democracia como un sistema de organización de la sociedad, pero además como una conducta diaria e inintencionada de los hombres, todos estos son problemas cuya resolución demanda la concertación entre los países y la formación de comunidades internacionales, porque sus efectos y sus soluciones no podrán encontrarse dentro de los linderos nacionales.

Para tratar estos y otros temas, para emprender acciones comunes, nos hemos reunido aquí gobernantes de diversos países y de distintas vertientes ideológicas, pero unificados todos frente a la amenaza de los mismos problemas porque al fin y al cabo -como lo dijo el Rey de España en su primer discurso ante las Cortes- las ideologías no son sino diferentes modos de entender la paz, la justicia, la libertad y la realidad histórica de nuestros pueblos.

Está naciendo un nuevo orden político internacional; debe resonar la voz de los países de Iberoamérica, España y Portugal para que nazca también un nuevo orden económico internacional que haga justicia a los países pobres, que distribuya con equidad los beneficios del progreso y que les permita participar en la percepción del ingreso mundial.

Creo que esta voz, indispensable en este momento, ha nacido aquí en Guadalajara en esta reunión de los Mandatarios de Iberoamérica, y resonará en los confines del mundo para que se abran las justicias de la libertad plena y de la equidad económica para todos los pueblos del mundo.