Discurso del presidente de gobierno de España, Felipe González

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA Felipe González, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

Quiero sumarme, ante todo, a lo manifestado por S. M. el Rey, a los que me han precedido en la palabra, para expresarles, en nombre del Gobierno de España, nuestro agradecimiento y satisfacción por encontrarnos aquí convocados por su feliz iniciativa.
América ha sido siempre tierra de libertad y de imaginación y, al amparo de esas dos palabras, nos hemos reunido 21 naciones iberoamericanas, para, aprovechando lo que nos une, seguir construyendo relaciones aún mejores y más sólidas.

La América de hoy, lucha por encontrar su sitio en un nuevo orden internacional. Con libertad e imaginación, hemos venido aquí para crear algo que necesariamente tiene que ser un compromiso permanentemente renovado.

Vamos a pasar, sin necesidad de mencionarlos, sobre la infinidad de vínculos que han hecho posible que hoy nos encontremos aquí reunidos. Precisamente porque para lo bueno o lo menos bueno, hemos compartido esa herencia, podemos permitirnos acometer juntos retos tan exigentes.

Objetivamente influyen tres factores nuevos e importantes: la incuestionable densidad democrática de que disfrutamos; la apuesta decidida por la integración regional y el encauzamiento progresivo de las economías, con modernos proyectos de viabilidad.
Nunca como hasta el presente, Iberoamérica ha sido tan democrática. Juntos hemos aprendido que es el mejor sistema para el desarrollo del individuo, en consecuencia, de nuestros pueblos.

Nadie conseguirá que la democracia por sí misma solucione los problemas, pero sin la democracia, no habrá solidaridad interna ni internacional para encauzar los proyectos de desarrollo económico. La democracia es la legítima y pacífica aspiración de los pueblos, y hemos de velar todos para que se perpetúe en una tierra que, a lo largo de su historia, ha sido muchas veces refugio de demócratas.

Tiene también América una larga experiencia en la integración regional. Hoy, la ampliación del Grupo de Río, es una realidad que trasciende la importancia americana, y así, existe un diálogo fructífero aunque insuficiente, con Europa. También el esquema tipo “San José” supone un avance considerable en esta institucionalización del diálogo con la CEE.
La creación de MERCOSUR y la futura consolidación de áreas de libre comercio con el Pacto Andino y en los países del istmo Centroamericano, son buenos ejemplos de esta tendencia imparable.

Finalmente, América Latina, ha iniciado la lucha por superar la dicotomía democracia-estancamiento a base de recetas que implican políticas económicas rigurosas, seriedad en la gestión, firme decisión de eliminar barreras arancelarias y explotación conjunta de nuevas vías de comercialización e inversión.

La profundización de estos tres elementos es la vía adecuada, a mi juicio, para generar confianza interna y externa, tanto para los agentes económicos como para los interlocutores políticos.

El Gobierno español, honrada y seriamente, quiere contribuir a este esfuerzo iberoamericano, manteniendo su firme compromiso de viabilidad económica, para hacer de la década de los 90 una época de paz y prosperidad.
El viento de cambio que ha recorrido el mundo en los últimos años ha llegado también a América. Ya no hay dos modelos con los que alinearse. Ha cambiado el lenguaje, el método, hasta el punto de que debemos dejar a los Parlamentos y a los pueblos escribir soberanamente su historia y relegar las hazañas guerrilleras a los relatos de los novelistas imaginativos que no faltan en este continente. Las únicas armas del desarrollo económico y político han de ser la palabra y el trabajo colectivo.

España continuará, por su parte, con su esfuerzo, día a día, en las Comunidades Europeas para copotenciar una relación, hasta hace cinco años prácticamente inexistente, y ello, no solo por fidelidad a su trayectoria histórica, sino porque España también es Iberoamérica. Porque confiamos en Iberoamérica, hemos firmado importantes Tratados de Amistad y Cooperación que, en los próximos cuatro o cinco años, supondrán una movilización de recursos entre España y los países iberoamericanos por un monto superior a los 14 000 millones de dólares. Señor Presidente: El Gobierno español tiene depositada una gran confianza en el proceso que hoy se inicia. Tenemos cohesión y voluntad para mostrar al mundo que podemos ser importante factor de estabilidad y de progreso. Hagámoslo sin demora y con tenacidad.