Declaración de Oporto (Portugal, octubre 1998)

Declaración suscrita en la VIII Cumbre Iberoamericana de Oporto, Portugal, octubre 1998


PROYECTO DECLARACIÓN DE OPORTO

1. Los Jefes de Estado y de Gobierno de los 21 países iberoamericanos, reunidos en la VIII Cumbre Iberoamericana, que tuvo lugar en la ciudad de Oporto, Portugal, los días 17 y 18 de octubre de 1998, debatieron las cuestiones relacionadas con la globalización y la integración regional, sus repercusiones en las relaciones internacionales y las estrategias que deberían seguirse con relación al diálogo y cooperación iberoamericanos.

2. Esta Cumbre subraya el compromiso de los Jefes de Estado y de Gobierno de respetar los principios básicos sobre la democracia, el Estado de Derecho, el pluralismo político, el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales, el principio de soberanía y de no intervención, el derecho de cada pueblo a construir libremente, en paz, estabilidad y justicia su sistema político y sus instituciones y la existencia de un sistema justo de cooperación y de relaciones internacionales, en conformidad con los principios de convivencia internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.

3. La elección del tema central de la presente Cumbre fue suscitada por el reconocimiento de la necesidad de análisis y debate sobre la globalización e integración regional como procesos que han venido generalizándose y que introducen cambios en el modelo de relaciones internacionales, ya sea en las sociedades como en los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales.

En este sentido, el debate sobre los mencionados temas se basa en el objetivo fundamental de preparar mejor las sociedades iberoamericanas de manera a hacer frente a los desafíos del mundo contemporáneo con el fin de beneficiar globalmente de ellos.

4. La creciente interacción de los Estados y comunidades, resultado de la globalización, realzó la validez universal de la democracia y el papel del mercado en la economía como siendo las tendencias más generalizadas y aceptadas para el desarrollo armonioso de las sociedades y de las relaciones internacionales.

Sin embargo, y al no tratarse de un fenómeno meramente económico, la globalización se manifiesta también en las expresiones culturales y en la difusión del conocimiento y de la ciencia, a través de los medios y tecnologías de comunicación e información, cada vez más avanzados y complejos. Este proceso continuo de transformación a escala planetaria se encuentra estrechamente vinculado a la evolución y desarrollo de las culturas y valores nacionales, a las expectativas y prioridades cotidianas y a las tradiciones locales.

5. En el ámbito económico, el proceso de globalización se ha caracterizado principalmente por la intensificación de intercambios comerciales y flujos financieros, por la mundialización de los mercados, por la emergencia de actores económicos de ámbito global y por la segmentación e internacionalización de la producción.

La transformación de los métodos de producción, de la concepción de los mercados y de las relaciones económicas internacionales crearon oportunidades únicas para el crecimiento y bienestar de nuestros pueblos. No obstante, los procesos de crecimiento económico registrados en nuestros países, en parte como consecuencia de la globalización, además de sus beneficios, no siempre evitaron o redujeron las desigualdades y contrastes económico-sociales ni consideraron adecuadamente las formas culturales existentes en los países iberoamericanos.

6. Así siendo, la gestión de la globalización a cargo de nuestros gobiernos deberá tener como objetivos la disminución de las asimetrías en el bienestar económico-social además de prevenir el surgimiento de nuevas distinciones entre Estados y en su ámbito interno, todo esto con el fin de crear condiciones más favorables para los países y regiones en desarrollo. Los efectos negativos de la globalización deberán ser combatidos con políticas selectivas que eviten la marginación social y los desequilibrios de desarrollo, sin afectar las corrientes de liberalización comercial y flujos financieros.

7. La liberalización de las economías y la apertura de los mercados deberían favorecer el crecimiento económico y, a largo plazo, reducir las desigualdades a nivel internacional.

La participación de los países iberoamericanos en una economía global, teniendo como base sus valores y raíces comunes, puede y debe ser ventajosa y no necesariamente hostil o contraria a los modelos tradicionales de desarrollo económico y de cooperación.

8. Los Estados conservan poderes y responsabilidades de las que no pueden eximirse. Las sociedades no limitan sus objetivos a la eficiencia económica máxima; poseyendo exigencias en materia de seguridad y cohesión que reflejan poderosos anhelos de reconocimiento social y de identificación como comunidad. La historia ha demostrado que la apertura de las sociedades al exterior, al crear también nuevas incertidumbres y riesgos, refuerza la búsqueda de una identidad propia.

9. La ayuda entre los Estados, ya sea en el plano bilateral o por mediación de organizaciones internacionales, constituye hodierno una necesidad cuya importancia se afirma en todos los ámbitos; éstos, a su vez, se encuentran casi siempre interrelacionados. Entre los ejemplos particularmente significativos de esta realidad podrían citarse cuestiones como la renegociación de las deudas externas o las iniciativas de eliminación de las minas antipersonal en América Central, cuestiones en las que los Estados son llamados a demostrar una solidaridad activa en los planos político, militar, financiero, social y humanitario.

10. Por otro lado, la aplicación extraterritorial de medidas legislativas nacionales, además de la realización de operaciones unilaterales no permitidas por el Derecho Internacional, deberán rechazarse al ser contrarias a los principios de igualdad y soberanía de los Estados, constituyendo por ello un factor grave de erosión de la convivencia internacional y de desvalorización del papel de las instancias multilaterales, en particular las Naciones Unidas.

11. Por otra parte, una de las dimensiones esenciales del fenómeno de globalización es la responsabilidad internacional. En este sentido, la reciente aprobación de un Juzgado Penal Internacional Permanente bajo la égida de las Naciones Unidas constituye un paso adelante de la mayor importancia, en el sentido en que subraya la obligación que tienen los Estados, comunidades, individuos y demás miembros de la sociedad internacional de respetar y acatar sus derechos y deberes con rigor, principalmente en lo que se refiere al rechazo de la agresión, a la protección de los Derechos Humanos y a la aplicación del Derecho Humanitario.

12. En los últimas decenios los Estados han venido enfrentando cada vez más problemas tan complejos como la droga, el terrorismo, el crimen internacional organizado, la corrupción, la discriminación, la xenofobia, la degradación del medio ambiente o las nuevas enfermedades de contagio en masa.

El problema de la droga adquiere particular gravedad al tener un efecto profundamente corrosivo en los individuos y las sociedades, repercutiendo de forma negativa en el funcionamiento de las instituciones democráticas y en el desarrollo sostenido de las economías. Por otro lado, la destrucción de la naturaleza y la creciente degradación de los ecosistemas comprometen también irremediablemente el futuro de la humanidad.

Estos problemas comprometen y sobrepasan la capacidad de respuesta y de actuación de los Estados, afectando la estabilidad y estructura de las sociedades, razón por la que cada vez más es urgente desarrollar mecanismos de coordinación aptos para hacer frente a estos flagelos, además de reforzar la cooperación y la solidaridad internacionales.

13. Una eficaz gestión de la globalización y un aprovechamiento correcto de sus efectos y tendencias podrán ser largamente reforzados a través del desarrollo de espacios regionales capaces de afirmarse por medio de una creatividad versátil y de responsabilidad compartida, y a través del fortalecimiento de formas de cooperación entre los diversos espacios económicamente integrados que permitan su proyección en la escena internacional.

En el contexto de la segmentación e internacionalización de la producción y de la apertura de los mercados, la integración de economías de una misma región eleva su nivel de competitividad, incrementa los intercambios comerciales, permite el aumento de la productividad y crea condiciones para un mayor crecimiento económico.

14. La integración regional y la globalización deben llegar a ser compatibles y actuar conjuntamente con el objetivo de aumentar al máximo sus efectos positivos y neutralizar los negativos. Es preciso tener en cuenta la necesidad de preservar la identidad cultural de los países, evitar que se produzcan fenómenos de exclusión como consecuencia del aumento de la competencia comercial y de la mundialización del proceso de producción, y facilitar la consolidación de unas instituciones multilaterales que beneficien de forma semejante a todos los miembros del sistema internacional. Los objetivos perseguidos son un regionalismo abierto, el rechazo del proteccionismo, la transparencia y la no discriminación y el respeto por el Derecho Internacional.

15. En el presente decenio, América Latina ha trabajado con éxito en el ahondamiento y convergencia de la integración regional, restableciendo la credibilidad de su gestión y retomando el camino del crecimiento económico.

El refuerzo de la integración de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Comunidad del Caribe (CARICOM), el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y la creación del Mercado Común del Sur (Mercosul), la Asociación de Estados del Caribe, el Sistema de Integración Centroamericano (SICA), el Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y los Tratados de Libre Comercio entre México y Chile, Bolivia, Costa Rica y Nicaragua, constituyen una evolución muy positiva que va acompañada por otras iniciativas relevantes como siendo el Area de Libre Comercio de las Américas.

Por otra parte, el acuerdo firmado recientemente entre el Mercosul y la Comunidad Andina, para constituir un área de libre comercio a partir del año 2000, además de la consolidación y el fortalecimiento del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla -por el que se asumió el compromiso de alcanzar la convergencia de los Tratados de Libre Comercio existentes y en vías de negociación entre México y América Central- constituyen progresos adicionales orientados al refuerzo del proceso de integración de América Latina y el Caribe.

16. La Unión Europea, a su vez, ha profundizado su modelo de integración. En este contexto cabe destacar la decisión sobre el principio de la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria y la firma del Tratado de Amsterdam.

Indudablemente, la moneda única – el EURO – y el nuevo Tratado, constituyen hechos fundamentales en la integración comunitaria que afectarán muy positivamente la relación de la Unión Europea con terceros países.

Simultáneamente, la Unión Europea inició un proceso de alargamiento a los demás países de Europa Central y Oriental y a Chipre, al tiempo que reforzaba sus relaciones con otros países con los que mantiene vínculos históricos, políticos y económicos especiales, destacando entre ellos los pertenecientes al área iberoamericana.

En este contexto adquiere particular importancia la Cumbre Unión Europea, América Latina y el Caribe, que tendrá lugar en junio de 1999 en Río de Janeiro y que constituirá una ocasión privilegiada para consagrar, al más alto nivel, los objetivos de diversificación e intensificación de las relaciones políticas y de cooperación entre los países participantes y las regiones en las que se encuentran integrados.

17. Así pues, la integración regional no debe analizarse únicamente en su vertiente económica, sobre todo si se considera dentro del ámbito del proceso de globalización. Las tendencias globalizantes se registran en las más variadas esferas de actividad social y reflejan la necesidad de encontrar soluciones comunes para problemas comunes que sobrepasan en gran medida las fronteras nacionales.

En este sentido, los procesos de integración regional están ampliando sus esferas de incidencia y dando a conocer nuevas dimensiones, en particular en los campos político, cultural y educativo, promocionando asimismo proyectos e iniciativas en ámbitos específicos como la defensa del medio ambiente o la cooperación judicial, además de acciones concertadas de lucha contra el narcotráfico, la pobreza y exclusión social, el crimen organizado, la corrupción o el terrorismo, entre otros.

18. En un mundo cada vez más globalizado, el estrechamiento de la cooperación entre los diversos procesos regionales existentes en todas las esferas es cada vez más imperativo.

Aquí es donde el diálogo iberoamericano ofrece un espacio importante para estrechar todavía más las relaciones entre Europa y América Latina en los ámbitos del comercio, la inversión y la transferencia de tecnología, además del diálogo político institucionalizado y la cooperación económica.

19. Los compromisos y objetivos expresados en esta reunión de Jefes de Estado y de Gobierno pueden y deben completarse con iniciativas y proyectos concretos, ya sea en el ámbito interno de nuestros países, ya sea a través de una cooperación más estrecha e intensa en el interior del espacio iberoamericano, ya sea como los demás actores de las relaciones internacionales.

20. En resumen, los Jefes de Estado y de Gobierno: – Preconizan el refuerzo de la identidad y de la cooperación iberoamericanas, sobre la base de sus elementos constitutivos y de los objetivos que todos comparten, y por ello: – reafirman su empeño en poner en perspectiva y potenciar la cultura iberoamericana, resultado de un patrimonio histórico, étnico, lingüístico y sociológico común.

– reconocen el carácter dinámico y creciente del proceso de globalización y de integración regional, como fenómenos complementarios entre sí, y – subrayan las ventajas de aumentar la cooperación entre América Latina y la Unión Europea.

– Por todo ello, los compromisos y objetivos expresados en esta Cumbre deberán inspirar la actuación interna de los Gobiernos de tal forma que la Comunidad Iberoamericana adquiera un protagonismo cada vez más activo y responsable en la escena internacional, poniendo de manifiesto una perspectiva a la vez humanista y abierta al futuro que constituye el fruto más valioso de esta cultura común.

COOPERACIÓN IBEROAMERICANA

1. Los Jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos reafirman el papel central de la cooperación como eje de consolidación del desarrollo sostenible y del refuerzo de los lazos que los unen teniendo como base la identidad iberoamericana. Con efecto, los resultados concretos de la cooperación se reflejan directamente en el crecimiento de las sociedades y en el bienestar de sus poblaciones, aún cuando dichos resultados no se perciban o se reconozcan de inmediato.

2. Consideran que al ser los propios beneficiarios de la cooperación quienes mejor pueden identificar sus necesidades y diseñar las formas de satisfacerlas, es importante reforzar la sociedad civil y animarla a participar activamente en todo el proceso de cooperación, desde la definición de prioridades hasta la ejecución y evaluación de los programas y proyectos.

3. Subrayan de hecho que los programas de formación y valoración de los recursos humanos, a los que atribuyen una particular importancia, tienen un éxito indiscutible. Es el caso de los programas TEI (televisión educativa), MUTIS (intercambio de bolsas de posgraduados), CYTED (investigación aplicada) y el programa de Alfabetización y educación básica de adultos.

Citan incluso el programa IBERFOP, orientado hacia el sector productivo, el Fondo Indígena, en el que participan todos los miembros del Convenio Constitutivo de la Cumbre Iberoamericana, y el programa Calidad de la Educación.

Toman nota que se perfila la posibilidad de ejecución de los programas RADI (Red de Archivos Diplomáticos), IBERMEDIA (Construcción de un espacio audiovisual iberoamericano) y PYME (Apoyo a la Pequeña y Mediana Empresa).

4. Constatan con satisfacción la multiplicación de reuniones, encuentros e iniciativas sectoriales en el ámbito iberoamericano, tanto a nivel gubernamental como de la iniciativa o responsabilidad de otras entidades.

Todo ello es un síntoma de vitalidad que conduce a la ampliación de las esferas de cooperación entre los países iberoamericanos estrechando los lazos históricos, culturales y lingüísticos que se encuentran en la base de la Comunidad Iberoamericana.

5. Acuerdan la creación de una Secretaría de Cooperación, cuyas estructuras y modalidades de funcionamiento serán objeto de una propuesta por parte de los Responsables de Cooperación y Coordinadores Iberoamericanos, propuesta que se presentará en Cuba en el transcurso de la IX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno.