Discurso del presidente de Bolivia, Jaime Paz Zamora

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE BOLIVIA Jaime Paz Zamora, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

HACIA EL SIGLO XXI UNA REFLEXION Y CINCO PROPUESTAS

 

Su Majestad Don Juan Carlos I, patrimonio de la Comunidad Iberoamericana

Señores Jefes de Estado y de Gobierno

Señor Presidente Carlos Salinas de Gortari

¡Cómo evocar, interpretar o sintetizar cinco siglos de una larga historia común, en tan pocos minutos!

Me limitaré, por tanto, a compartir con ustedes, una reflexión y cinco propuestas.

Hemos llegado hasta estas acogedoras tierras mexicanas, para desnudar nuestras verdades y proclamar nuestras esperanzas.

No hemos venido, por tanto, a pedirle cuentas a la historia, sino a reconciliarnos con ella, y así poder mirar limpia y fecundamente hacia adelante.

Con el fin de orientarnos en el laberinto de lo vivido en estos quinientos años, es necesario encontrar el punto nodal de este proceso, el hecho definitorio a partir del cual se explique y adquiera sentido todo lo que ocurrió. Y éste, permítasenos decirlo, no es otro que el de la derrota tecnológica sufrida por los pueblos de esta región en el encuentro de los dos mundos.

La tecnología de punta de esa época, como siempre impuso su nuevo orden en todos los campos. Pero es justo reconocer que dejó en nuestras tierras parte de su conocimiento y de su cultura, alimentando un nuevo potencial de crecimiento y desarrollo.

A partir de esta dura pero real constatación, se esclarece con rigor la interpretación histórica.

La derrota tecnológica inicial estableció una distancia que creció con los años, hasta convertirse en el rasgo fundamental de la división contemporánea entre los que dominan el conocimiento y quienes no lo tienen.

Cualquiera sea el nombre con que señalemos lo vivido, lo real es que lo hemos vivido, y por ello mismo no tendría sentido para nuestros pueblos conmemorar este quinto centenario, y para nosotros mismos reunirnos en esta mesa, si no tuviéramos la voluntad férrea de recuperar y proyectar la herencia positiva y revertir las tendencias negativas de lo que ocurrió en estos cinco siglos.

En consecuencia, en 1492, la derrota tecnológica, por ejemplo, trajo consigo el quiebre ecológico. Se rompió el equilibrio hombre-naturaleza que tenían lúcidamente establecido las culturas originarias en estas latitudes.

Para decir la verdad completa, a partir de ese momento todos fuimos cómplices y hoy, por tanto, corresponsables de la depredación del medio ambiente; corresponsabilidad que debe expresarse en la tarea de plasmar un programa de realizaciones conjuntas que articule el desarrollo de una sana conciencia ecológica.

De igual manera, los quinientos años, debemos reconocerlo los unos y los otros, constituyen el marco en el que se produjo una integración subordinada y desigual, impuesta y condicionada, al comercio y la economía mundiales.

Los flujos que iban de América a Europa dinamizaron el comercio internacional de la época, pero sus utilidades al no haber potenciado nuestro desarrollo, dieron lugar a una creciente marginalidad.

Vengo de un país de inconfundible matriz indígena que lo marca con un sello indeleble, como a otros de la región. Por eso un tema ineludible en esta reflexión es el que plantea la problemática indígena. Que tiene a nuestro juicio, la misma edad del llamado Descubrimiento de América.

Este problema persiste porque fueron esos pueblos los que más soportaron las brutales consecuencias de la derrota tecnológica, del quiebre ecológico y de la marginalidad económico-comercial.

Derrota tecnológica sí, pero también resistencia cultural que hizo posible el rico mestizaje que caracteriza y honra a nuestra comunidad iberoamericana. Matriz indígena originaria que, articulada en la historia con la matriz originaria ibérica, explica la diversidad de perfiles de nuestra gente, de matices de nuestra lengua y cultura, y de formas de encarar el trabajo y la subsistencia.

Ello no debe impedir, sin embargo, la responsabilidad común de convertir esa diversidad en un punto de convergencia y complementación solidarias, a partir del cual podamos proyectar y desarrollar esta comunidad en el concierto de las naciones del mundo.

Su Majestad el Rey y Excelentísimos Jefes de Estado y de Gobierno. De esta atrevida, por concentrada, reflexión pasaré a las cinco propuestas. Quizás, si me permiten, una por siglo…

La primera. Revertir la derrota tecnológica histórica, haciendo que aquel conocimiento tecnológico indispensable para atender los derechos vitales de los pueblos a la salud, a la educación, a la alimentación y a la vivienda, se convierta en patrimonio universal de la humanidad al alcance de todos.

Segunda. Propongo elaborar un programa común que, más allá de una pasiva protección del medio ambiente, permita un adecuado y sustentable uso de nuestros recursos naturales y garantice el derecho al desarrollo de nuestros pueblos.

Para ello, es necesario decretar una pausa ecológica histórica que, por encima de todos los intereses en juego, detenga drásticamente el perverso proceso de depredación del medio ambiente y de nuestros recursos.

Tercera propuesta. Para cambiar la tendencia negativa de la marginalidad económica, planteo la liberación de los mercados internacionales y el sustancial incremento de los flujos de inversión hacia los países de esta comunidad, para concretar la inserción de los mismos en la corriente principal del comercio y la economía mundiales y garantizar a nuestros pueblos el derecho al trabajo y a mejorar sus condiciones de vida.

Cuarta. Propongo la creación de un fondo iberoamericano para el desarrollo de los pueblos indígenas, que permita resolver favorablemente los acuciantes problemas de los pueblos originarios al margen de cualquier sentido de “reservas indígenas” o de compensaciones paternalistas.

Quinta y última. en la perspectiva del planteamiento de Su Majestad, el Rey Juan Carlos I, y sobre la base de la sólida comunidad histórica y cultural que conformamos, propongo que organicemos sistemas aptos y permanentes de comunicación, consulta, solidaridad recíproca y canalización de iniciativas hacia el resto de la comunidad internacional.

En este nuevo mundo de relaciones, los ganadores no serán necesariamente los más fuertes ni los más aptos, sino los que pongan la fuerza y la aptitud al servicio de la solidaridad.

Su Majestad el Rey, Excelentísimos señores Jefes de Estado y de Gobierno, una reflexión y cinco propuestas que Bolivia espera puedan ser compartidas por nuestra comunidad, comunidad que la queremos bajo el signo común de la democracia, la libertad, la participación, la eficiencia y la solidaridad.

Dios bendiga nuestra Comunidad Iberoamericana.

Muchas gracias.