Discurso del presidente de Chile, Patricio Aylwin

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CHILE Patricio Aylwin Azocar, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

Estamos aquí reunidos, en esta generosa tierra mexicana, los representantes de numerosas naciones. Pertenecemos a una comunidad que se encuentra en el umbral de conmemorar cinco siglos de historia compartida, de una historia común que ha impreso su sello distintivo en nuestros valores y en nuestra cultura. Somos también una comunidad que, porque tiene una tradición que está viva, puede forjar en común el futuro que queremos.

Nuestro origen marcó el inicio del Mundo Moderno, período que universalizó la historia, ligado así el destino de todos los hombres. Al finalizar el siglo XX, vivimos la culminación de un proceso de interrelación mundial iniciado a fines del siglo XVI.
En nuestro tiempo, más que en ninguno de los grandes momentos de estos cinco siglos, más que en la era de los descubrimientos o de las Revoluciones Nacionales, América Latina participa activamente en las tendencias fundamentales del mundo.
La primera de ellas es el avance asombroso de la causa de la libertad. La democracia se consolida en el mundo entero como el único sistema capaz de expresar la libertad de cada ser humano. ¡Con qué satisfacción podemos hoy reunirnos en este foro de los mandatarios de la soberanía popular!. Son nuestros pueblos los que gobiernan. Esta comunidad, junto a otras, ha dibujado el mapa de la libertad y de la democracia en el mundo y nuestra unión es también garantía de su permanencia.
Pero debe ser claro para todos que la vigencia de la libertad sólo estará garantizada en la medida en que se creen condiciones de justicia, lo que impone el apremiante desafío de derribar el muro de la pobreza y conquistar así la dignidad de los habitantes de nuestras naciones. Esa dignidad significa incorporar a todos a los beneficios de la modernidad, así como imprimirle a ésta un sustrato valórico que implique el respeto del hombre y de la naturaleza, de modo que no sólo signifique elevar el nivel de vida, sino cuidar la calidad de vida.

Esta es la gran meta que debe definir nuestros instrumentos en el escenario forjado por la creación de un nuevo orden internacional.

Nuestra Comunidad será, al término de este siglo, una zona poblada, con más de 500 millones de habitantes, repartidos en dos continentes y tres océanos. Tenemos una enorme variedad de recursos naturales, algunas de las más grandes cuencas hidrográficas, las mayores reservas de la biodiversidad. Tenemos una enorme riqueza humana cuya capacidad hoy día está destinada a crear inteligencia. Compartimos un patrimonio humano, natural y cultural que nos permite incorporarnos y participar de las profundas transformaciones técnicas y económicas del mundo contemporáneo. Pero ello es fundamental hacerlo en conjunto. Por eso, si España y Portugal se volcaran exclusiva y excluyentemente hacia la Comunidad Europea y si América Latina se encerrara en la autarquía continental o en un tercermundismo rezagado, las opciones de enriquecimiento de las relaciones internacionales que ofrece nuestra comunidad serían irrelevantes.

La lucha por el crecimiento económico en la cual estamos empeñados requiere también del desarrollo científico y tecnológico para agregar inteligencia a nuestros recursos naturales, para hacer más eficiente nuestra gestión pública y privada, para iniciar nuevas líneas de producción y de servicios, así como para abandonar definitivamente un tipo de desarrollo que no respeta ni la ecología natural ni la humana.

Somos responsables del medio ambiente global, que exige una concertación planetaria, y también de la crisis ambiental que está en la puerta de nuestros hogares. La enumeración de sus manifestaciones es larga y por todos conocida.

Somos responsables también de asumir las graves carencias sociales que afectan a nuestro pueblo, especialmente a nuestros niños y jóvenes.

La Comunidad Iberoamericana, porque es rica en su unidad, es también una realidad abierta al mundo. Ella es y quiere ser una comunidad con vocación de servicio universal, agente de desarrollo económico, de intercambio y de cooperación, puente entre los grandes bloques económicos que se están formando y garantía de un sistema multilateral fundado en la ventaja comparativa, en una regulación igualitaria y transparente.

Por ello es que la Comunidad Iberoamericana está capacitada para contribuir activamente en el diseño de un nuevo orden internacional basado en el desarrollo compartido. El imperio del derecho en las relaciones internacionales, el fortalecimiento y renovación del Sistema de las Naciones Unidas para promover y mantener la paz, así como para construir un nuevo orden ecológico internacional, son algunas de las grandes tareas que queremos asumir.

Creemos firmemente en la contribución iberoamericana en los organismos internacionales. Pensamos que un mundo cada vez más interdependiente, encontrará en ellos el lugar donde enfrentar y resolver los temas que más nos preocupan. Para ello debemos renovar y reforzar los organismos multilaterales y regionales y especialmente Naciones Unidas, otorgándoles capacidad para anticipar, prevenir y resolver conflictos, combatir la extrema pobreza, definir estrategias de desarrollo económico sustentables y, sobre todo, defender la democracia.

Muchas gracias.