CARTA DE LA CENTRAL LATINOAMERICANA DE TRABAJADORES (CLAT) A LA I REUNIÓN CUMBRE IBEROAMERICANA

1.- Por la profundización y el perfeccionamiento de la democracia real.

La libertad y la democracia que ahora se generalizan en toda la región son una dura conquista de la gente, de los pueblos, de los trabajadores y de sus organizaciones. Es la opción política histórica más efectiva para resolver los problemas de todos los latinoamericanos, a condición que se promueva, se profundice y se perfeccione simultáneamente con los imperativos de la justicia social, de la solidaridad y de nuevas y más auténticas formas de participación popular. Debemos lograr un mayor consenso sobre la concepción y la praxis de la democracia que queremos, más allá de las tesis neoliberales y de una democracia modulada y modelada por las exigencias del mercado y del economicismo materialista.

En la perspectiva de la globalización de la libertad y las aperturas democratizadoras en toda la región, consideramos que ha llegado el momento de ejercitar al máximo la solidaridad de los pueblos y naciones latinoamericanas, en consonancia de gobiernos y fuerzas democráticas civiles para contribuir a una solución pacífica y política que abra las vías de la libertad y la democracia para Cuba. Una solución que debe ser protagonizada por los propios cubanos, los de adentro y los de afuera, sin ningún tipo de injerencias extrañas y que efectivamente lleve a un auténtico proceso de democratización.

Proclamamos que los trabajadores en su mayoría, aquí y ahora, son favorables a una democracia real, política, pero también económica, social y cultural, que asuma el trabajo humano como clave central.

2.- La miseria es esclavitud y líquida la libertad

El desafío principal que interpela a todos, Estado, gobiernos, sociedad civil, es la globalización rampante e impune de la pobreza crítica, de la miseria y de la exclusión social que afecta ya casi al 60 por ciento de los latinoamericanos. La miseria es esclavitud y por lo mismo la libertad no sobrevive en el seno de la misma, sobre todo con las dimensiones que ya tiene en la región.

Esta situación se viene acumulando hace ya mucho tiempo en la región por políticas y estructuras marcadas por la desigualdad y la injusticia social, pero está siendo maximizada a límites explosivos, incontrolables y hasta ingobernables por la imposición de las tesis neoliberales y monetaristas en el campo de la economía y de las relaciones sociales.

No se puede desconocer que hay una percepción y un sentimiento muy generalizado que el cólera -peste que ha acompañado históricamente las distintas situaciones de miseria generalizada- es ahora el resultado de las políticas macro-económicas neoliberales que han desmantelado y degradado todo lo que se relaciona con el ser humano, con la salud, la alimentación, la vivienda, la sanidad, la educación, las obras sanitarias, el agua, el trabajo.

El economicismo econométrico que sólo mide inescrupulosamente la eficiencia material y que no tiene para nada en cuenta el sufrimiento humano, es ahora castigado por la epidemia del cólera que se extiende imparable en toda la región y que como siempre victima a los más pobres y marginados. Estos se ha convertido en el factor más desestabilizador y antagónico, con los procesos de libertad y de democratización en curso. Los trabajadores planteamos -ya lo hemos hecho en muchas ocasiones- la necesidad de iniciar una guerra sin cuartel contra los efectos y las causas de la miseria y de la injusticia, convencidos que América, o avanza hacia una mayor igualdad social o se precipita irremediablemente hacia el caos.

Los trabajadores y sus organizaciones hacen y deben hacer esfuerzos mayores para jugar un protagonismo central en esta guerra son cuartel, al lado de los demás actores políticos y sociales y planteamos la necesidad de un nuevo contrato social para lograr éxito en la misma.

3.- Por una repartición más equitativa de los costos y beneficios en los ajustes económicos.

Hay un amplio consenso sobre la necesidad de sanear la economía, de lograr un equilibrio más estable de reactivar el crecimiento económico, asumiendo que ello exige nuevas políticas, nuevos ajustes, nuevos esfuerzos y sacrificios. Pero nada de esto es neutro o meramente técnico como pretenden los neoliberales.

Todas esas perspectivas económicas deben responder con transparencia a cuestiones fundamentales y de simple sentido común: quién paga los costos de estas políticas, a quiénes benefician estos ajustes.

Hasta el momento en toda la región se constata que quienes más pagan son los que menos tienen y sólo se benefician los que siempre se han beneficiado, ya sea durante las dictaduras o ahora con la libertad. La situación es totalmente inaceptable ya que los ricos se hacen más ricos, los pobres más pobres, y crece sin cesar el número de los nuevos pobres. No ha habido hasta el presente una repartición equitativa de los costos de los esfuerzos, de los sacrificios ni de los beneficios.

Denunciamos el manejo que se viene haciendo de la crisis en el marco de las tesis neoliberales y monetaristas y señalamos la urgencia de modificar este manejo con orientaciones políticas y métodos más en consonancia con la libertad y la justicia. Caso contrario, una vez más pronosticamos que se terminará desestabilizando por esta vía los procesos democratizadores y nadie podrá culpabilizar -como muchos tratan de hacerlo ahora- a los trabajadores y sus organizaciones, que se ven obligados a actuar simplemente para hacer sobrevivir a sus representados.

4.- La economía de libre mercado no sirve para resolver las enormes necesidades humanas de nuestros pueblos.

La llamada economía de libre mercado, ahora imponiéndose en todas partes, donde el mercado es el regulador absoluto e infalible de las relaciones económicas y que termina regulando lo social, lo político, lo cultural, lo interpersonal, no sirve para América Latina y consideramos que no ha servido en ninguna parte del mundo.

Las inmensas necesidades humanas de la mayoría de los latinoamericanos nunca encontrarán solución en el juego del mercado libre ni de la oferta y de la demanda ni de la competencia. Más bien crecerá en modo imparable la pobreza crítica, la desigualdad y la exclusión social.

El mercado, siendo pieza necesaria de una economía sana, debe estar bajo el control de las fuerzas sociales del Estado, ciertamente de un Estado renovado, democratizado, desburocratizado, modernizado, descentralizado pero con el pleno goce de todo su papel y responsabilidad en la promoción del bien común y con plena capacidad para erradicar los monopolios, los oligopolios, la especulación y la corrupción de la vida económica y política, pública y privada y hacer prevalecer los criterios de justicia social y solidaridad.

Llamamos a la reflexión en esta materia porque seguimos en el síndrome perverso de nuestra historia: copiar tarde y copiar mal y terminar siendo más neoliberales que los propios neoliberales. La experiencia de los que hoy son países más avanzados y desarrollados, indica una equilibrada y sabia relación y compromiso entre mercado, Estado y sociedad civil. Dejar todo librado al mercado, es alimentar el capitalismo salvaje que ahora rampa impune es toda la región.

Es oportuno para la reflexión de todos recordar lo que el papa Juan Pablo II afirma en su reciente Encíclica sobre el Centenario de la Rerum Novarum: “da la impresión -dice- que tanto a nivel de naciones como de relaciones internacionales, el libre mercado es el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades. Sin embargo, esto vale sólo para aquellas necesidades que son “solventables” con poder adquisitivo y para aquellos recursos que son “vendibles”, este es, capaces de alcanzar un precio conveniente. Pero existen numerosos necesidades humanas que no tienen salida en el mercado. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas”.
El mismo Sumo Pontífice después de abogar en favor de una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación, afirma que “esta sociedad tampoco se opone al mercado, sino que exige que éste sea controlado oportunamente por las fuerzas sociales y por el Estado, de manera que garantice la satisfacción de las exigencias fundamentales de toda la sociedad”.

Cuando en este texto se afirma que el mercado sólo sirve para las necesidades solventables con poder adquisitivo y vendibles con un precio conveniente, recordamos que en la subregión, la canasta familiar -bastante limitada- sólo es asequible para los que perciben tres y cuatro salarios mínimos, pero no para quien recibe un solo salario mínimo.

Aquí el libre mercado no tiene salida para millones de trabajadores que viven de un solo salario mínimo y que según encuesta reciente, involucra a más de 120 millones de trabajadores de América Latina.

5.- Por una concertación nacional y popular en el marco de un nuevo proyecto nacional y popular de desarrollo.

Es ya una constatación muy clara el que ningún actor político o social por sí sólo puede manejar la crisis y superarla en términos positivos para el pueblo y la nación. La misma es de una complejidad y gravedad sin precedente, ya que no sólo es económica, sino también social, política, cultural, ética, moral y espiritual.

Para un manejo más equitativo justo, solidario, participativo de la crisis actual, se impone el logro de un consenso nacional y popular lo más amplio y sólido posible y sobre la base de un claro proyecto nacional y popular que oriente y anime un nuevo proceso de desarrollo integral e integrado y desde luego insertado en el proyecto de la construcción de la comunidad latinoamericana. Sólo en esta dirección es posible intentar con éxito los llamados procesos de concertación de todas las fuerzas vivas que se deben involucrar en la solución de los problemas nacionales y populares de fondo, tanto coyunturales como estructurales.

Los intentos de los llamados pactos sociales, de solidaridad o de concertación meramente social han fracasado, en particular porque se convierten en mecanismos-trampas para obligar a los trabajadores a concertarse para pagar o para atemperar los impactos de las políticas de ajustes macro- económicos impuestas, por lo demás, de manera vertical, inconsulta y autoritaria.

Los trabajadores reiteramos plena disposición a participar y asumir responsabilidades y consecuencias en los procesos de auténtica concertación nacional y popular en el seno de los cuales poder debatir y resolver la problemática sociolaboral, económica, política y cultural, en la perspectiva de profundizar la democracia y consolidarla, reactivar la economía, emprender un nuevo desarrollo en libertad y justicia social.
6.- Por una lucha sin cuartel contra la corrupción, la mentira y la especulación.

La corrupción, la mentira y la especulación son ahora manejadas exprofeso como armas políticas para potenciar indefinidamente determinados grupos -cada vez más minoritarios- en términos de riqueza, de poder, de prestigio y que ejercen en modo creciente un control hegemónico sobre toda la sociedad, aún utilizando métodos mafiosos. Estos afecta la esfera pública pero también la privada y contamina al Estado, los gobiernos y todos los actores de la sociedad civil. La situación se sataniza por la amplitud y complejidad que ahora se manifiesta por el narcotráfico.

Las consecuencias más duras y desiguales en estos procesos de degradación y descomposición ética, moral y cultural, recaen sobre los trabajadores y los más pobres y están creando un ambiente muy generalizado de descrédito, recelo y escepticismo con relación a los actuales procesos democratizadores en las nuevas generaciones y en la población en general.

En el marco de un nuevo contrato social y de una efectiva concertación nacional y popular hay que privilegiar muy enérgicamente todo lo que conduzca a liquidar las causas y los efectos de estos procesos y en particular su actual impunidad.

7.- La iniciativa para las Américas.

La iniciativa para las Américas puede ser una alternativa coyuntural o la trampa histórica y moral para el proyecto de integración latinoamericana, sobre todo si se generalizan las tentativas, acuerdos y acciones bilaterales. En esta perspectiva sería irremediable la balcanización y la desarticulación total de la integración regional y una ocasión más para que Estados Unidos aplique con éxito el viejo lema de dividir para imperar.

Interpretando un amplio y cada vez más profundo consenso de la gente, de la sociedad civil latinoamericana, exigimos que los Gobiernos y todos los actores sociales, incluido el Movimiento de los Trabajadores, asuman con claridad, firmeza y coherencia la concertación de posiciones, políticas y acciones conjuntas solidarias, lo que permitirá aprovechar, si los hay, aspectos coyunturales favorables de la Iniciativa para las Américas y al mismo tiempo avanzar y profundizar la construcción de la comunidad económica, social, política y cultural latinoamericana, que no es alternativa coyuntural sino nuestro destino histórico.

Abogamos también por que la región mantenga la necesaria libertad de decisión y acción para relacionarse en lo que le convenga con los otros polos geoeconómicos, como la Comunidad Económica Europea, el Japón y otros.

No podemos dejar de expresar nuestra más honda preocupación y repudio a ciertas cúpulas dirigenciales, las cuales ante las ofertas provenientes de la iniciativa para las Américas, insisten aún más grotescamente en esgrimir la pobreza de nuestras naciones como el argumento mejor para engancharnos con los ricos del Norte, aduciendo que los pobre, cuando nos juntamos, no logramos hacernos ricos ni progresar.

La generalización de esta manera de pensar liquida de raíz el proyecto latinoamericano y nos condena definitivamente a la indignidad y a la postración más abyecta. Más allá de nuestra situación crítica y compleja, la integración es el único camino para revalorar el enorme potencial -económico, social, humano, político y cultural- de América Latina, demostrar enérgicamente nuestra propia auto-estima y dignidad, recobrar y reforzar la confianza en nosotros mismos los latinoamericanos y comprobar que sí podemos lograr los objetivos de nuestra unidad regional, que será la única vía para relacionarnos con otros bloques, sobre bases de verdadero respeto y beneficios recíprocos.

8.- Nuestro destino se juega en la construcción de la Patria Grande Latinoamericana.

En la situación actual del mundo y de cara a los retos que plantea la llamada Iniciativa para las Américas, y sobre todo de frente a lo que debe ser nuestro destino, el proceso de construir la comunidad latinoamericana de naciones, es ahora una cuestión de vida o muerte. Constatamos que con el advenimiento de la libertad y de las aperturas democráticas, se está dando un nuevo impulso a la integración regional con más voluntad política y práctica por parte de nuestros gobiernos. Pero esto no es suficiente y es urgente promover, facilitar y sostener un amplio movimiento de participación activa de toda la sociedad civil latinoamericana y de todos sus actores organizados.

La CLAT hace tiempo propició el llamado Movimiento Popular por la Unión Latinoamericana (MOPUL), con el ánimo de motorizar y animar esta participación, sin la cual los procesos integratorios no podrán tener la dinámica, la velocidad y la profundidad que requiere ante los retos del presente y del futuro. La CLAT plantea para esto, las siguientes propuestas:
. Iniciar las gestiones apropiadas para el establecimiento de la ciudadanía latinoamericana, de modo que todos los latinoamericanos en cualquier parte de la región comencemos a sentirnos como en la casa propia y común. En este sentido solicitamos y apoyamos todo lo que tienda a superar barreras para el tránsito libre y fluido de las personas, como son el requisito de visas y otros impedimentos burocráticos y administrativos, debiendo llegar al establecimiento de un pasaporte latinoamericano.

En estas mismas perspectivas es necesario lograr la ciudadanía del trabajo humano en toda la región, con la aplicación de políticas de migraciones que garanticen que los trabajadores, cualquiera sea el país de procedencia, sean tratados con pleno respeto, con plena dignidad, con los mismos derechos y libertades. La CLAT ha planteado para esto un proyecto de Carta Latinoamericana del Trabajador Migrante.

Estas iniciativas y políticas son esenciales para dar el proceso de integración el fundamento humano y popular son lo cual no hay integración.

. La puesta en marcha de nuevos canales y medios de participación de todos los actores civiles, en particular de los trabajadores organizados.
. La construcción de los Parlamentos Centroamericanos y del Caribe.
. La puesta en marcha del Parlamento Latinoamericano, Andino, Centroamericano y del Caribe por la elección directa de sus componentes, a fin de darle una mayor autoridad política y aún coherentizar mejor el proyecto global latinoamericano.
. La constitución de un Consejo Económico y Social Latinoamericano con la plena participación de la esfera gubernamental y de los actores claves de la sociedad civil regional, a fin de ir diseñando y aplicando política y planes que promuevan un desarrollo económico, social y cultural en consonancia con las necesidades, aspiraciones y esperanzas de nuestros pueblos, de nuestros trabajadores.
. Siendo el área cultural la clave maestra de la integración regional, es llegado el momento de construir y poner a funcionar un Consejo Latinoamericano de la Ciencia, la Educación y la Cultura, a efectos de preservar, enriquecer y profundizar las raíces éticas y culturales de nuestras naciones y pueblos en el pleno respeto de su riquísima variedad, pero en la perspectiva convergente de perfilar y consolidar la identidad común de todos los latinoamericanos, garantía esencial para consolidar el destino común en una Patria Latinoamericana común.

Enfatizamos la necesidad de hacer participar a los motores principales de la cultura popular, en particular al Movimiento de los Trabajadores.

. Dar los pasos necesarios para que le llamado Grupo de Río, hoy todavía informal, se vaya constituyendo en un organismo político regional y que permita caminar hacia la constitución de la Organización de Estados Latinoamericanos, con el necesario poder político supranacional para garantizar el piso político sólido y coherente que necesita el proyecto latinoamericano para enraizarse y culminar exitosamente. Esto nos parece más urgente ahora, ante las tentaciones del bilateralismo económico que ofrece la Iniciativa para las Américas.

La CLAT, sus organizaciones, sus afiliados, manifiestan una vez más su profunda convicción que el destino de los latinoamericanos está en la unidad política, social, económica y cultural de América Latina y del Caribe. Y reitera su más enérgica voluntad de seguir contribuyendo y participando activamente en el logro de esta unidad.

9.- Los 500 años: ocasión única para apostar todos juntos, los latinoamericanos, a la vida, la esperanza y la utopía. Es bueno decir que el tema de los 500 Años está siendo percibido con suma indiferencia por la mayoría de la población y de los trabajadores en general. En efecto, después de 500 años del descubrimiento, del encuentro o del genocidio, según las distintas visiones que se pueden dar, los latinoamericanos ahora somos relativamente más libres que nunca (dejando en claro la precariedad grande en que se basa esta libertad), pero también más pobres y miserables y con sociedades más injustas y desiguales que nunca.

Para nosotros, 1992 debe ser la ocasión de una profunda reflexión de lo que hemos sido y hecho hasta ahora, y sobre todo de lo que queremos ser y hacer en el futuro inmediato. Por esto mismo, rechazamos categóricamente las imposiciones de las llamadas leyenda negra o leyenda rosa, que responden a centros de pensamiento y de poder ajenos a nuestras realidades, aspiraciones y esperanzas.

No hay futuro digno y viable si no se asume la memoria histórica de lo que hemos sido y de lo que hemos hechos. Desconocer, maltratar, menospreciar u olvidar la memoria histórica, es perder la auto-estima como personas, como pueblos, como naciones; es perder la identidad y la razón de ser. Pero debemos aceptar y asumir con toda objetividad, pero también con humildad como madre de la sabiduría, lo que hemos sido y tal cual hemos sido y hecho, sin complejos, sin traumas, sin ideologismos artificiosos que más bien confunden y dividen en momentos que la historia nos exige estar más claros y unidos que nunca.

En estas perspectivas, expresamos nuestro desacuerdo hacia todos los intentos de celebraciones más o menos triunfalistas y aquéllas más o menos petardistas y animadas de un maniqueísmo que la gente y los trabajadores ni comprenden ni comparten.

Nosotros nos pronunciamos por una gran reflexión personal y colectiva para saber aprender los errores del pasado y no cometerlos más y poder encarar el futuro como latinoamericanos unidos y solidarios, más allá de las diferencias étnicas que deben ser absolutamente respetadas o integradas. 1992 debe ser la gran ocasión para una apuesta histórica en favor de la vida, de la esperanza y de la utopía y para llevar a buen puerto nuestros procesos de democracia con justicia social, solidaridad y participación popular, de nuevos desarrollos integrales e integrados, de avances y de culminación en la construcción de la Patria Grande Latinoamericana. Para nosotros, representantes del mundo del trabajo, para hacer triunfar la centralidad del trabajo humano en todos estos procesos y el protagonismo central del Movimiento de los Trabajadores en esta gran apuesta por la vida, la esperanza y la utopía.

10.- Por una Cumbre de los Gobiernos y de los Pueblos.

Nos felicitamos que por fin los Presidentes de nuestras naciones hayan decidido encontrarse para construir una nueva voluntad política y práctica que involucra a toda América Latina y el Caribe. Hacemos votos para que esto se constituya en una práctica permanente y cada día más perfeccionada.

Para esto proponemos la realización de una Cumbre de los Gobiernos y de los Pueblos de la región, con la participación de sus principales actores organizados tanto en la esfera política, como social, económica, cultural y religiosa. Algo que reproduzca de cara al tercer milenio, lo que Simón Bolívar quiso realizar en el Congreso Anfictiónico de Panamá. Un evento que ponga las bases de un amplio consenso y concertación latinoamericana para acelerar los pasos de nuestra unidad y para resolver los grandes y graves problemas que aquejan a nuestras naciones.

La CLAT desde ya se manifiesta plenamente disponible para cooperar y participar activamente en esta gran Cumbre de los Gobiernos y de los Pueblos, como demostración ante nosotros mismos y ante el mundo que en América Latina y el Caribe hay las necesarias potencialidades para poder realizar lo que queremos realizar.

POR EL BURO DE LA CLAT.
Emilio Maspero
Secretario General
Eduardo García
Secretario General Adjunto
Luis E. Marius
Secretario General Adjunto
Carlos Moris B.
Secretario General Adjunto
Rodolfo Romero
Secretario General Adjunto.