Cohesión Social

La cohesión social es la relación unitaria y armónica entre los distintos agentes que constituyen una sociedad. Para lograr ello, debe existir una garantía de las condiciones indispensables de vida y el establecimiento de relaciones estables entre los ciudadanos que conviven en una nación. 

En América Latina y el Caribe el concepto de cohesión social surge ante la necesidad de encarar pertinaces problemas que, pese a algunos avances logrados en los últimos años, aún perduran: altos índices de pobreza e indigencia; la extrema desigualdad; diversas formas de discriminación y de exclusión social que se remonta a un lejano pasado.

Los principales indicadores sociales para medir el grado de cohesión social giran en torno al ingreso, la distribución de la riqueza, la tasa de desempleo, la esperanza de vida al nacer y la cantidad de personas que completan la educación primaria.

Desde el comienzo de esta década, organismos internacionales como la Secretaría General Iberoamericana y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) han impulsado la construcción de la cohesión social, como un complemento a la visión del desarrollo humano y la equidad social.

La Cepal proyecta un incremento de la economía latinoamericana de 4,7 por ciento este año, respecto del periodo anterior, y 4,6 en 2008, lo cual lo confirma como el periodo de mayor expansión observado desde 1980.

Pero ese crecimiento no ha mermado la pobreza de América Latina y el Caribe, en la que aún 205 millones de sus 500 millones de habitantes están en esa situación y 80 millones en la indigencia.

Los gobiernos de la región se han comprometido, junto al resto del mundo, a cumplir con los Objetivos de Desarrollo para el Milenio, aprobados en 2000 en la Organización de las Naciones Unidas. La primera de esas ocho metas es reducir a la mitad para 2015 el porcentaje de la población en pobreza extrema y con hambre, respecto a los indicadores de 1990.

El concepto de cohesión ha sido aplicado desde hace décadas en Europa y ahora América Latina lo quiere tomar de modelo. El Acta Única Europea de 1985 destacó la necesidad de “la cohesión económica y social” y en 1992 se convirtió en uno de los principales objetivos de la Unión Europea, por eso fue incluido en el Tratado de Maastricht que le dio cuerpo a la integración regional.

Desigualdad, pobreza en Iberoamérica

En una comunidad como la iberoamericana, marcada por sociedades con amplias desigualdades, brechas socioeconómicas históricas, un Estado de derecho a veces débil, otras ausente, hablar, y buscar herramientas de Cohesión Social, no sólo resulta urgente para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, sino para afrontar con solidez los embistes de la globalización y los retos que supone integrarse a un mundo cada vez más pequeño y a veces más homogéneo.

Hoy en día, el combate contra la pobreza se ha convertido en una prioridad de la agenda internacional. En ese sentido La Comunidad Iberoamericana, debido a sus componentes y potencialidades, está llamada a desempeñar una función importante en la comunidad internacional. Iberoamérica es un espacio geopolítico con grandes afinidades históricas y culturales que se extiende por dos continentes, aunque sin llegar a cubrir por completo ninguno de ellos.

Iberoamérica debe responder de una manera coordinada y común al desafío de la lucha contra la pobreza. Uno de los principales factores que ayudan a comprender mejor y a combatir la pobreza es la cooperación al desarrollo. Por ello, es una necesidad que la Comunidad Iberoamericana elabore una agenda propia sobre la cooperación al desarrollo en América Latina. Es una exigencia de las sociedades, que observan cómo la pobreza y la exclusión social se convierten en impedimentos para el desarrollo.

Distintos factores internos: crecimiento económico, distribución de la riqueza, niveles de corrupción, acceso a mercados, debilidad financiera, se conjugan tanto para explicar la situación actual como para el diseño de instrumentos eficaces de lucha contra la pobreza.

Salud en Iberoamérica

La salud es considerada un derecho humano básico y un factor esencial para el desarrollo económico y social.

El estado de la salud en los países iberoamericanos ha experimentado una continua mejora en las últimas décadas. Esta evolución se refleja en la disminución de las tasas de fecundidad, el descenso de la mortalidad y el incremento de la esperanza de vida por encima de los 70 años en algunos países. Esto ha incidido en una mejora general de las condiciones de vida. Sin embargo, frente a estos innegables logros existen importantes retos que superar. Es el caso de las enfermedades endémicas, el sida y la situación de la salud de los niños.

Ante retos de esta envergadura y, dada la importancia de la salud para conseguir unas condiciones de vida dignas, los países iberoamericanos iniciaron un proceso de mejora en 1978. Fue entonces cuando, en la Conferencia Mundial de la Salud de Alma Ata, decidieron adoptar la estrategia “Salud para todos” como parte esencial de su política.

Ante la imposibilidad de cumplir con todos los objetivos planteados para el año 2000, los ministros del sector de los países iberoamericanos renovaron su compromiso en declaración de Ministros de Salud, Enlace externo resultado de la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (La Habana, Cuba, 1999).

En sucesivas reuniones de Ministros de Salud de Iberoamérica se ha apostado por la estrecha relación entre educación y salud. Por una parte, ambos son derechos fundamentales que los poderes públicos deben garantizar, y por otra, hacer efectiva la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación y elevar el nivel general educativo, son medidas eficaces para mejorar la salud de la población y continuar en la línea de objetivos marcados por la comunidad iberoamericana de naciones.

Identidad y diversidad en Iberoamérica

La celebración de sucesivas Cumbres anuales ha traído como resultado el reconocimiento de lo iberoamericano como seña de identidad y ha propiciado la creación y consolidación de un espacio de dialogo, concertación política y cooperación, basado en un conjunto de principios y valores entre los que destacan:

· El compromiso común con la democracia.

· El respeto y la promoción de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

· La autodeterminación de los pueblos.

· La vigencia del derecho internacional como medio de solución de controversias.

· La no intervención.

· La justicia social.

· La unidad en la diversidad.

La Cumbre Iberoamericana ha desarrollado y fortalecido un nuevo sentido de pertenencia iberoamericana. Sobre esa base, es posible construir una verdadera identidad iberoamericana, integradora de las diferencias y respetuosa con la diversidad, compartida y asumida por cada uno de los habitantes de las naciones iberoamericanas y asentada en el trabajo conjunto por alcanzar formas y niveles de vida acordes a las aspiraciones compartidas de progreso, libertad, justicia, paz y democracia.

Cooperación Iberoamericana

La cooperación para el desarrollo surge después de la II Guerra Mundial, como resultado de las necesidades de reconstrucción, organización política, económica y social de Europa, los Estados Unidos y las nuevas naciones independientes. Su desarrollo histórico ha estado marcado por dos hechos clave, por un lado la Guerra Fría y las relaciones bilaterales que, a partir de ésta, Estados Unidos asume con terceros países para atraerlos a su esfera de influencia política y económica; y por otro lado, el impulso de las políticas oficiales de cooperación bilateral que Europa orientó principalmente hacia sus ex colonias.

La cooperación para el desarrollo puede definirse como el conjunto de actuaciones de carácter internacional orientadas al intercambio de experiencias y recursos entre países para alcanzar metas comunes basadas en criterios de solidaridad, equidad, eficacia, interés mutuo, sostenibilidad y corresponsabilidad. Sus fines son la erradicación de la pobreza, el desempleo y la exclusión social; la búsqueda de la sostenibilidad y el aumento permanente de los niveles de desarrollo político, social, económico y cultural en los países menos desarrollados.

Una cooperación internacional para el desarrollo de calidad debe inspirarse en valores como el respeto de los Derechos Humanos, la participación y democratización, la equidad de género, la protección y conservación del medio ambiente y el respeto a la diversidad cultural.

En el ámbito gubernamental, cada país organiza su propia política de cooperación, coordinada, gestionada y dirigida por la agencia nacional de cooperación correspondiente o, en su defecto, por la sección correspondiente del ministerio de relaciones exteriores.

Actualmente existen 15 Programas y dos Iniciativas Iberoamericanas en las que participan numerosos gobiernos de la región. El carácter horizontal de la Cooperación Iberoamericana facilita que cada país contribuya según sus capacidades y experiencia a un esfuerzo común, beneficioso para todos. Además, hay tres Proyectos Adscritos a la Cumbre que son impulsados por organizaciones sociales de la región. Así, en cada Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno los 22 países iberoamericanos acuerdan una serie de políticas de cooperación, concretadas, sobre todo, en los Programas Cumbre. Es lo que se conoce como Cooperación Iberoamericana.

 

 

Fuente: Cumbres Iberoamericanas