Situación de la juventud en Iberoamérica

Iberoamérica vive un momento favorable, ello lo demuestra el crecimiento sostenido, en los últimos cinco años, en la mayor parte de los países de la región, mejoramiento en buena parte de los términos de intercambio, una fuerte reducción de la pobreza y la indigencia, la mayor presencia de prioridades sociales en las agendas públicas, la reducción del desempleo y la continuidad de regímenes democráticos en todos sus países. Sin embargo todo esto tiene lugar ante una perspectiva global de corto y mediano plazo que se ve tensionada por una eventual recesión en la economía estadounidense, mayor incertidumbre en los mercados financieros, y cambios climáticos que ponen un signo de interrogación sobre la calidad de vida de las generaciones venideras.

En ese contexto la juventud iberoamericana también vive perspectivas auspiciosas y desafíos problemáticos. En comparación con generaciones mayores, los y las jóvenes cuentan hoy con mayor educación, están más familiarizados con las nuevas tecnologías de información y comunicación, han incorporado con mayor vigor los valores de la autonomía y los derechos humanos, son protagonistas del cambio cultural en tiempos de globalización, y se adaptan más fácilmente a cambios en la organización del trabajo y del ocio.

Por otra parte, existen desafíos que enfrentar. En proporción con su nivel educativo la juventud enfrenta mayores problemas de inserción laboral que los adultos. Su expectativa de autonomía se enfrenta con las dificultades de formar hogares propios y transitar fluidamente por el ciclo de vida. Además, cuentan con poco reconocimiento de sus problemáticas específicas de salud, constituyen el grupo etario más expuesto a situaciones de violencia y victimización, y en el mediano plazo enfrentan mayores costos ambientales, así como las presiones que el envejecimiento de la sociedad impone a los sistemas de seguridad social.

Es así que la juventud ha pasado a constituirse en foco de atención a escala global e iberoamericana. En ese sentido los valores de la cohesión social, los derechos humanos y la participación ciudadana adquieren mayor relevancia y consenso en el imaginario democrático y en el discurso de los gobiernos. Esto hace que se piense en la juventud desde los desafíos de su plena pertenencia a la sociedad, su disfrute legítimo a los beneficios del progreso, su presencia en la deliberación pública y su acceso oportuno a los principales mecanismos de inclusión social.

Se trata de que las personas jóvenes puedan ser sujetos y beneficiarios efectivos del desarrollo, esto es, que construyan sus proyectos de vida en el marco de sociedades que los impliquen en sus oportunidades, los protejan en las vulnerabilidades y, al mismo tiempo, les permitan participar en la construcción de un mundo mejor.

Conceptualización y caracterización de la juventud iberoamericana

Desde el punto de vista del desarrollo bio-psico-social, el inicio de la juventud se asocia a la pubertad y la adolescencia, con todos los cambios psicológicos y que dicho proceso conlleva, a saber: la identificación sexual y el desarrollo de las características sexuales primarias y secundarias, la búsqueda de la autonomía e independencia, el cambio de la importancia en los grupos de referencia (pasando de una primacía de la familia a la del grupo de pares), el diseño de proyectos personales de vida, entre otros rasgos definitorios. (CEPAL-OIJ, 2007).

La juventud iberoamericana se caracteriza por altos niveles de heterogeneidad y desigualdad que se expresan en condiciones, visiones y prácticas diversas. Esas diferencias y desigualdades están relacionadas con procesos históricos y de carácter más reciente (globalización económica, tecnológica, política y cultural). Es en razón de tal heterogeneidad y desigualdad que es preferible hablar de múltiples juventudes. Entre las varias categorizaciones que han aparecido para denotar este fenómeno destacan las siguientes: jóvenes que estudian, jóvenes que trabajan, jóvenes que estudian y trabajan, jóvenes que ni estudian ni trabajan, mujeres jóvenes, jóvenes indígenas, jóvenes rurales, jóvenes afrodescenidentes, jóvenes excluidos, etc.

La diversidad de situaciones juveniles obliga a centrar en el rango etario el criterio de unificación para determinar quiénes son propiamente jóvenes y poder fijar a la juventud como grupo sociodemográfico y sujeto de políticas. Desde 1985 las Naciones Unidas adoptaron como criterio normativo el rango de edad que se encuentra entre los 15 y 24 años, aunque este rango de edad puede desplazarse hacia arriba o hacia abajo, según las exigencias que impongan los contextos particulares.

Las legislaciones iberoamericanas recogen esta dispersión, que se expresa en diferencias en los rangos con los que se define a la juventud. Tres criterios destacan aquí en relación con el límite inferior y dos en relación al límite superior. En el primer caso, el umbral puede situarse en la primera etapa de la adolescencia, desde la medianía de la adolescencia, o bien al final de la adolescencia. En relación con el límite superior, hay países que extienden la juventud hasta la primera fase (en torno a 25 años), y otros que la extienden a la fase de adultez.

Marco Jurídico

A diferencia de los sectores poblacionales que han logrado ser reconocidos como sujetos de derechos a nivel internacional (trabajadores, mujeres, niños, pueblos indígenas), el sector joven aún permanece como categoría indefinida en los marcos constitucionales de los países. Sin embargo durante la última década surge un creciente interés por considerar a la juventud iberoamericana en tanto categoría jurídica, expresado en el empeño por aprobar leyes para la juventud y reorganizar su dispersión legislativa. Como parte de ese empeño el 1 de marzo reciente del 2008 entró en vigor la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes (CIDJ), único tratado internacional del mundo que reconoce a la juventud como sujeto específico de derecho y actor estratégico del desarrollo, y que ha sido diseñada y promovida por la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ).

Asimismo, varios países de la región han aprobado leyes de juventud que sirven como marco jurídico general para las políticas nacionales de juventud (Colombia, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela, recientemente Honduras y Bolivia, actualmente en discusión). Existe un segundo grupo de países que, pese a no tener legislación específica sobre jóvenes, tienen oficinas especializadas en políticas públicas de juventud reguladas por la Ley, como es el caso de Argentina, Cuba, Chile, El Salvador, Guatemala, México, España, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal y Uruguay (CEPAL-OIJ, 2007).

Demografía

La población está experimentando profundas transformaciones en América Latina que afectan su crecimiento y su estructura por edades. La menor mortalidad en la infancia, los nuevos patrones de causa de muerte, la mayor esperanza de vida al nacer, el aumento del acceso a información y servicios de salud sexual y reproductiva y la creciente relevancia de las migraciones, entre otros factores son los responsables de estas transformaciones (CEPAL, 2005b).

Los informes sobre este tema indican que la población juvenil en Latinoamérica (10 a 24 años) alcanzaba a 161 millones de jóvenes, representando más de la cuarta parte (28%) del total de la población de la región. Las proyecciones para 2025 sugieren que si bien el volumen de población juvenil experimentará un aumento, su peso relativo bajará al 24%. Ello se explica a partir del reciente descenso de la fecundidad y el aumento de la expectativa de vida, que se traducen en un descenso paulatino de la proporción de jóvenes en el total poblacional. Todo ello acompañado de la concentración urbana de la población joven que se estima en un 78%.

España y Portugal ya se encuentran en una fase avanzada de transición demográfica, caracterizada por un descenso de la cantidad de jóvenes y tasas negativas de crecimiento de este segmento de la población, por su parte, para el conjunto de América Latina la fecundidad ha bajado sensiblemente.

Educación

Actualmente, la educación ha adquirido importancia estratégica frente a los procesos de globalización. Una buena educación permite integrarse a la revolución de la información, acceder a trabajos “inteligentes” y a participar en redes en las que circula el saber.

En materia de acceso educativo, para los niños entre 6 y 11 años, el acceso a la enseñanza primaria es prácticamente universal en la región (97%)6. En los niveles siguientes éste también se incrementó fuertemente entre 1990 y 2005 por aumento de la cobertura escolar y mayor capacidad de retención de los sistemas educativos, y por contraste con los bajos niveles de acceso registrados a comienzos de los noventa.

En cuanto a progresión educativa, también se registraron importantes avances, lo que muestra tanto el aumento de la eficiencia como de la efectividad de los sistemas educativos, pues la progresión oportuna es un factor clave en la retención escolar.

Sin embargo, pese a que el aumento del acceso a los sistemas educativos ha beneficiado en mayor medida a los estratos de menores ingresos, su efecto no ha sido suficientemente amplificador en lo referido a la reducción de las disparidades de logro educativo, pues son los jóvenes pertenecientes a estos estratos quienes acumulan un mayor retraso educativo (y deserción escolar).

En relación a la calidad de la educación, a partir de mediados de la década de los 80 del siglo pasado un número creciente de países de la región empezó a brindar mayor atención a las deficiencias acumuladas en este ámbito. Esto impulsó la creación tanto de sistemas nacionales de evaluación como de estudios internacionales, que se aproximan a la calidad de la educación a través de la medición de los aprendizajes efectivos.

Entre los más grandes problemas que urge enfrentar están la conclusión de la educación secundaria, incrementar el acceso a este nivel, avanzar en el acceso y conclusión de la terciaria.

La realización del derecho a la educación en América Latina requiere avanzar decididamente hacia el acceso universal y gratuito a educación de calidad en estos niveles para todos los jóvenes, haciendo de la escuela un espacio de desarrollo pleno de los sujetos. Es, también, un imperativo garantizar que las oportunidades educativas sean distribuidas en forma equitativa para revertir las brechas de logros determinadas por situaciones de origen familiar, étnico, socioeconómico y geográfico (CEPAL/UNICEF, 2006).

Finalmente, en relación a las tecnologías de información y la sociedad del conocimiento, la educación constituye un área estratégica para la reducción de la brecha digital, pues la escuela es el lugar donde el acceso puede democratizarse, dado el acceso casi universal a la educación al inicio del período juvenil. Por ello es vital la difusión y uso masivos de las TIC en la educación pública, lo que contribuye al mayor protagonismo de la juventud en sus propios procesos de aprendizaje y el mayor acceso a información y conocimiento.

Salud

Pese a reconocerse la salud como asunto de atención prioritaria para los sectores de la población más desprotegidos, la salud juvenil sigue siendo abordada sólo parcialmente. Debido al patrón que está adquiriendo actualmente la morbimortalidad juvenil -fuertemente vinculada a fenómenos de tipo social, como la violencia y los accidentes, y la rápida propagación del VIH-SIDA u otras enfermedades e infecciones de transmisión sexual- resulta cada vez más importante establecer criterios de diagnóstico y seguimiento a las necesidades y características de la salud juvenil.

La mortalidad entre los jóvenes de Iberoamérica ha descendido sensiblemente en los últimos 50 años, en concomitancia con la baja generalizada de la mortalidad.

Los principales factores de muerte entre los jóvenes de 15 a 24 años son los homicidios, si bien los accidentes de tránsito también son una causa común y generalizada, asociada habitualmente a la ingesta de alcohol y otras drogas.

La mortalidad por SIDA en los jóvenes latinoamericanos fue de 2,9 por 100.000. En general, las tasas estimadas de mortalidad por sida entre 2001 y 2003 en América Latina fueron más altas en hombres que en mujeres (respondiendo al patrón homo-bisexual de transmisión predominante en la región).

Deporte, recreación y tiempo libre

En el último decenio ha aumentado la importancia que se asigna a las actividades de esparcimiento como parte del desarrollo de los jóvenes. Cada vez más se reconoce la contribución fundamental que el tiempo libre puede significar para los y las jóvenes en la promoción de disposiciones positivas, la canalización de aspiraciones, el aporte a la inclusión social, y el acceso a oportunidades y desarrollo de potencialidades.

Para el uso del tiempo libre es parte fundamental la promoción de entornos saludables y de estilos saludables de vida. Esto demanda diversificar espacios públicos de encuentro y expresión (en el barrio y en la ciudad) en un contexto de convivencia ampliada; ampliar la oferta para el ejercicio físico y el juego deportivo como formas de entretenimiento y equilibrio; y renovar la oferta pública para la comunicación a distancia y el aprendizaje. También es importante plantear el uso del tiempo libre, la recreación y el reporte en los espacios instituidos donde la juventud pasa la mayor parte del tiempo, tales como los recintos educacionales, los hogares y el vecindario. Es necesario reconocer que en las ciudades iberoamericanas existe una gran brecha entre el acceso que pueden tener a estos espacios los jóvenes de estratos altos y los de los sectores menos favorecidos.

Trabajo

En este marco, la juventud enfrenta de manera agudizada los problemas de trabajo y empleo que afectan al conjunto de la sociedad en la región: menores remuneraciones para trabajos con los mismos niveles de productividad; mayor precariedad laboral reflejada en empleos de menor duración y con contratos menos estables (y que afectan más a menor nivel educacional); menor nivel de protección social por la vía del empleo; y niveles más bajos de organización como actor del mundo laboral. Además, el desempleo juvenil en promedio casi triplica la tasa de desempleo adulto en los países latinoamericanos.

Como bien se sabe, la mayor tasa de desempleo de los jóvenes respecto a la de los adultos se debe principalmente al hecho de que entre aquéllos se concentran las personas que buscan empleo por primera vez, a los problemas de acceso de estos buscadores por primera vez y a la mayor rotación entre el empleo y el desempleo o la mayor inactividad laboral que caracteriza a los jóvenes, en comparación con los adultos.

Por otra parte, el desempleo es mucho mayor entre jóvenes de familias de menores ingresos y entre jóvenes mujeres (que además perciben menores ingresos). También la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan es más elevada en los hogares más pobres.

 

Fuente:

Situación y desafíos de la Juventud en Iberoamérica. CEPAL.