La Habana

La Habana se halla entre las primeras siete villas fundadas por los españoles el 25 de julio de 1514, Día de San Cristóbal al cual debe su nombre. Primero, en la pantanosa costa Sur, después, fue ubicada a las orillas del río Almendares y en 1519 Diego Velázquez decidió trasladarla hasta un lugar conocido como Puerto Carenas, al lado oeste de la Bahía de La Habana.

Allí, en ese mismo año se ofició la primera misa y sesionó el primer cabildo, donde hoy día está El Templete, construido al lado de la ceiba centenaria a la que se le dan tres vueltas cada 16 de noviembre, como hermosa tradición.

La Villa se convirtió en el punto clave de las comunicaciones entre el Nuevo y el Viejo Mundo y en sitio asediado por corsarios y piratas de Francia, Holanda e Inglaterra que se disputaban la hegemonía del comercio por el Mar Caribe.

La Metrópoli se vio obligada a construir un sistema defensivo conocido como “el triángulo de fuego” compuesto por los castillos de la Fuerza, El Morro y La Punta; además de rodearla por una gran muralla.

A partir de 1556 se convierte en la capital de la Isla, siendo el centro de las operaciones del gobernador, que se trasladó desde Santiago de Cuba. El 20 de diciembre de 1592, Felipe II le otorgó el título de Ciudad.

Se derribó la muralla en 1863 y se realizó una nueva urbanización, que hizo que creciera hacia todos los sentidos. En 1902, luego de la intervención norteamericana y el establecimiento de la República mediatizada, la parte vieja de La Habana entra en un período de decadencia y empiezan las construcciones de edificios de viviendas.

Al principio las edificaciones eran de dos y tres plantas, luego de 20 pisos y más, en la década de los 50, cambiando de esta manera la fisionomía de la ciudad que adquirió una imagen urbana con gran influencia norteamericana. A la par se construyen fantásticas mansiones de la clase adinerada, en repartos, hacia el oeste, El Vedado, Miramar, El Country, Biltmore, y zonas más populosas como lo fueron El Cerro, Santos Suárez, La Víbora y otras más.

En 1959, con el triunfo de la Revolución, la ciudad alcanzó un mayor desarrollo económico, político, social y poblacional lo que la llevó a ampliarse hacia el este. Se comenzaron grandes proyectos como Alamar, zona urbana construida con el esfuerzo de los propios pobladores (microbrigadistas) que edificaron sus viviendas con materiales aportados por el Estado cubano.

El 14 de diciembre de 1982, el Comité Intergubernamental de Protección de Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la UNESCO, declaró el Casco Histórico de La Habana Vieja, su área de ampliación del siglo XIX, y su Sistema de Fortificaciones, Patrimonio de la Humanidad.

El crecimiento de La Habana se vio seriamente afectado a partir de 1991, agudizándose el deterioro del fondo habitacional.