Discurso del presidente de Panamá, Guillermo Endara

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE PANAMA Guillermo Endara, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

El pueblo panameño -por mi conducto- le da un cordial saludo a todos los dignatarios asistentes a esta cumbre. Ese saludo -que también formulo en nombre de mi gobierno y en el mío propio- lo hacemos extensivo al pueblo mexicano y a su ilustre gobierno. Debo reconocer y agradecer el espíritu fraternal que adorna las finas atenciones de nuestros anfitriones en esta memorable ocasión.

Permítanme comenzar haciendo tres consideraciones sobre Panamá: En primer lugar hemos iniciado el proceso interno de reformas a nuestra Constitución Política, con el fin de abolir -para siempre- las fuerzas armadas y todo vestigio de militarismo en nuestro país.

Seremos, junto a Costa Rica, dos países vecinos que fomentaremos la paz y la convivencia edificante, sin el espectro de un ejército que sólo sirvió para ahogar toda manifestación de ideales democráticos.

En segundo lugar, debemos demostrar que el progreso material de la población se puede lograr en democracia. La democracia debe dar respuesta positiva al problema de la pobreza, y a su secuela de ignorancia y de enfermedad, la democracia debe proveer el bienestar material a que tiene derecho toda la población y, en especial, los pobres y desocupados.

El gran obstáculo es la pesada carga que supone la deuda pública externa -deuda que las incipientes democracias hemos heredado de la inconsciencia y del mal uso que los regímenes militares hicieron del crédito fácil y accesible-. Es necesario que los organismos internacionales de crédito reconozcan -por razones estrictamente financieras, si no morales- que un sólido gobierno democrático es menor riesgo, a la larga, que uno dictatorial. Se hace necesaria una nueva política de financiamiento a las nuevas democracias, que no opere como un castigo, al pueblo inocente, por los desmanes de sus pasados gobernantes.

En tercer lugar, consecuentes con nuestras convicciones democráticas, hemos hecho parte de nuestro Derecho Positivo interno, el principio que Panamá no reconocerá a ningún régimen que surja de un golpe militar contra un gobierno legítimamente elegido, ni tampoco que surja del fraude electoral. Entendemos que en esta forma defendemos, con medidas concretas, el principio de la autodeterminación de los pueblos.

Otra de las decisiones fundamentales que hemos tomado es la de modernizar nuestra economía y la estructura del Estado.

Los procesos de integración llámense zonas de libre comercio, uniones aduaneras o mercados comunes- constituyen la única alternativa viable para el desarrollo sostenido de las naciones en las postrimerías del siglo.

Por ello, en la Cumbre de Presidentes de Centro América que se acaba de celebrar en El Salvador, Panamá se incorporó activa y permanentemente al proceso de integración en el que están empeñados nuestros hermanos del istmo Centroamericano. Hace escasos días, la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá, órgano en el cual participan ciudadanos panameños como voceros de la política panameña, aprobó los planes para la ampliación del Corte Culebra.

Se trata de un tramo en el Canal de Panamá, cuya estrechez impide el paso simultáneo de naves en ambas direcciones, y que constituye una especie de cuello de botella. Su costosísima ampliación, en consecuencia, aumentará la eficiencia del Canal más allá del año 2000, cuando la responsabilidad por su operación esté totalmente en manos panameñas.

Quiero que esta decisión se tome como lo que es: un claro mensaje, con hechos concretos, de la intención de Panamá de brindar un servicio eficiente a la comunidad usuaria del Canal intención que es parte de su política de inserción útil en los procesos económicos actuales con sus nuevos conceptos de mercados abiertos.

No puedo dejar de referirme de manera especial, al problema del narcotráfico y del ambiente delictivo que lo rodea. El tráfico de narcóticos es un negocio a nivel mundial para el cual las fronteras,las jurisdicciones y las soberanías le son irrelevantes.

Por ello, esa guerra nunca podrá ser ganada mediante combates individuales, aislados o descoordinados. Una cumbre como ésta es una ocasión propicia para reafirmar una intención común que sirva de marco de referencia para acciones eficaces, en coordinación efectiva.

Reitero mi agradecimiento a México por su hospitalidad, y mi saludo cordial a mis colegas gobernantes que han acudido al llamado de esta cumbre. Deseo que ella marque un hito en la historia de los pueblos de Iberoamérica. Con nuestra convicción y esfuerzo, y con la ayuda de Dios, ello será así.