Discurso del presidente de Uruguay, Luis Alberto Lacalle

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY Luis Alberto Lacalle, EN OCASIÓN DE LA PRIMERA CUMBRE IBEROAMERICANA, Guadalajara, México, 18 de julio de 1991.

Unos breves apuntes y observaciones a los temas que el gobierno oriental considera de importancia primaria para su visión internacional y – por tanto – para la de la comunidad ibérica que hoy se reúne.

CRECIMIENTO ECONOMICO Y DESARROLLO SOCIAL

En el campo de lo económico y social, señor Presidente, quiero decir claramente – a esta altura de las circunstancias – que solamente el aumento de la prosperidad será la adecuada medida de las políticas económicas que tomemos. Aventados definitivamente los modelos colectivistas y totalitarios; descubierto un sano pragmatismo por parte de los gobiernos de prácticamente todo el mundo, es hoy la prosperidad que podamos llevar a la mesa de nuestra gente, la mejor medida de la eficacia de un gobierno. Pero, además, es la condición indispensable para que podamos ejercer políticas sociales. Porque muchas veces hemos estado enumerando fines sociales al propio tiempo que estábamos impidiendo la creación de los recursos necesarios para llevarlos a cabo.

Hoy creo, creemos en todo el mundo, que la simbiótica unidad entre la obtención de la prosperidad por el impulso y la iniciativa privada y la posibilidad real de que el Estado lleve a cabo menos, pero más eficaces funciones de solidaridad, es un dato de la realidad que a nadie puede escapar. Este debe constituirse en el fundamento de todos los intentos nacionales, regionales, y aún mundiales, de organización económica y social.

INTEGRACION

En materia de integración, señor Presidente, – y este tema ha estado presente en todas las intervenciones – es indispensable que reconozcamos el carácter gradual que debe tener el proceso de integración. A todos nos seduce el viraje; a todos nos encandila la mención de la integración latinoamericana. Pero qué cuidado debemos tener de no equivocarnos nuevamente al sembrar sueños cuando los pueblos nos piden realidades. Por eso, este desarrollo de la integración, que podemos calificar de sucesivo, gradual, paulatino y modular es – a mi juicio – el gran descubrimiento, la piedra sólida sobre la que se va a edificar este proceso. Porque tiene como base la realidad geográfica. Cuando vemos los intentos de integración de América del Norte los advertimos como reales porque los está dictando la realidad misma física de las naciones.

Cuando se integran en el Sur las naciones platenses, están ahí el Paraguay y el Uruguay, sirviendo de bisagra a la integración de Brasil y Argentina. Similar aserto puede afirmarse respecto de la integración de los países del Caribe y del Pacto Andino.

Debemos respetar, por su realismo, este intento de regionalización. Y por ello no permitir que en esta materia tan delicada, en la que hemos puesto prácticamente nuestras máximas esperanzas, tengamos en cuenta que lo mejor es el peor enemigo de lo bueno.

NARCOTRAFICO

En materia de lucha contra las drogas, señor Presidente, es preciso asumir las responsabilidades respectivas de cada nación y de cada zona del mundo.

Aquí ya se ha dicho, pero lo reafirmaré. Unos siembran determinadas plantas; otros de ellas extraen determinadas sustancias y las industrializan; otros las consumen y otros ven su sistema financiero utilizado para que el nefasto producto monetario pueda ser legalizado.

Que cada uno asuma su responsabilidad. Pero señalemos enfáticamente que la mayor responsabilidad es la del consumo, como primera causa de esta nefasta actividad. Y a la par que decimos esto, proclamemos la necesidad de que, a los países agredidos, que a los países que han dejado la sangre de sus gentes, de sus jueces, de sus policías, de sus políticos, de nuestros colegas, se les reconozca el sacrificio que han hecho – no solamente en forma oral sino que se les reconozca en el campo de las compensaciones; en el campo de los mejores precios para sus productos, para que haya otras actividades a las que dedicarse.

MEDIO AMBIENTE

En el medio ambiente, señor Presidente, desde Estocolmo en el año 1972 vamos de declaración en declaración. Es preciso que se creen las normas jurídicas convencionales, con imperio, para que puedan aplicarse sanciones a quienes no cumplan con los deberes de cuidar globalmente el Planeta; y no – tampoco en este campo – asignar con el índice determinadas responsabilidades a solamente determinados países.

RONDA URUGUAY

En materia de comercio, alertamos sobre las consecuencias que pueda tener un fracaso de la “Ronda Uruguay” que entra en su etapa final. El fracaso de esa Ronda será negar la posibilidad de prosperidad en el mundo. Y como patrocinadores que fuimos y que somos, decimos que antes que un mal acuerdo, preferimos que la Ronda termine mirando todos la realidad, cara a cara, y diciendo que no somos capaces de bajar las barreras de protección para aumentar la prosperidad.

MERCADO COMUN DEL CONOCIMIENTO

En materia de educación reconocemos al conocimiento como el gran capital del siglo XXI. Por ello, hemos pedido y logrado, que la Organización de Estados Americanos (OEA) inicie los primeros pasos hacia el “Mercado Común del Conocimiento”, al que queremos y debemos invitar a España y Portugal como las matrices de nuestra lengua, primer instrumento del conocimiento del ser humano.

DEMOCRACIA: LEGITIMIDAD Y EFICACIA

En materia de sistemas democráticos es preciso profundizar, señor Presidente, y dejar sólo la mera legitimidad – que la tenemos y que mucho nos enorgullecemos de tener – hacia la eficacia; porque la mera legitimidad, si no cambia la realidad, es un instrumento obsoleto.

En este campo, como en tantos otros, enfáticamente rechazamos la afirmación de que nada somos y que nada hemos hecho en treinta años.
Mi país, en treinta años, sufrió el atentado de las minorías totalitarias guerrilleras; sufrió el gobierno totalitario del proceso militar y resurgió mediante el voto secreto – el arma preferida por los orientales – a la legitimidad en 1985.

Eso lo podemos afirmar con orgullo, y lo digo como Presidente de la República y en nombre de todo un pueblo que practica la tolerancia como la primera virtud de una sociedad.

LA COMUNIDAD IBEROAMERICANA

Nos hemos reunido, señor Presidente, como Comunidad. Lo somos, sí, en la sangre. Desde el fondo de mis abuelos – andaluces y vascos – lo digo. Lo somos en la lengua. Claro que sí podemos viajar kilómetros entendiéndonos en esta América. Lo somos también desde el punto de vista cultural. Pero ¿lo somos, lo seremos desde el punto de vista de una unidad de destino?. Esto es lo que tenemos que plantearnos. No es fácil sí. Depende de todos nosotros. Depende de nuestra imaginación, de nuestro coraje, de nuestra generosidad.

La imaginación que tuvieron los Reyes Católicos y don Enrique, el Navegante, para ver más allá del océano. La generosidad con que se fecundó el vientre moreno para que naciera la América India. Y el coraje que tuvieron quienes viajaron al otro lado de la Tierra, primero españoles y portugueses y luego todos los inmigrantes de todas las tierras que esta América generosamente incluyó en el crisol que hoy llamamos nuestro Continente.

Si tenemos esa generosidad, si tenemos ese coraje y esa imaginación, en próximas reuniones podremos decir que somos una comunidad.
A la Guadalajara hospitalaria, al Jalisco señorial y al México generoso, gracias. ¡Viva México!.